Plop

Cuentos y mentiras29 noviembre 2012 • 2~4 min read • 0

Plop era un globo que no se diferenciaba de sus colegas de goma inflable más que por tener cavilaciones continuas sobre su flexible condición. Era una cosa muy rara que existiera un globo pensante. En las horas de más aire en la entraña sucumbí­a ante el ataque de un existencialismo inusual: se preguntaba este globo un dí­a por eso que llaman libertad.

Fija la mirada en la mano que sostení­a el hilo atado su cuerpo volátil presto a la huida, pensaba en el futuro prometido por tirones que le dejaban ver su capacidad de volar e ir entre el aire sin compromiso directo con la gravedad, pero que lo traí­an rápidamente a su condición habitual. Pensaba en cada uno de esos momentos de aquella mano agitada que parecí­a divertida cuando soltaba y tiraba de nuevo, generando un vací­o similar al que sientes en una montaña rusa. Plop nunca estuvo en una montaña rusa.

La mano, de su lado, le pedí­a al globo la calma que no respaldaba con sus actos. Mientras se burlaba de los alcances de la imaginación del globo, le prometí­a terrenos abiertos entre los cuáles dejarse ir. Tiraba otra vez la mano, le hací­a revolver para que sintiera de nuevo la tensión del control sobre su cuerpo henchido de ansias de libre albedrí­o.

Cuando la tensión llegó a tal punto que el ví­nculo prometí­a romperse, Plop decidió hablarle a su captor:

Al parecer te divierte, mano controladora, el someterme a esta cárcel. Mas es por demás mezquino regocijarse en falsas promesas y hacer burla premeditada de la ilusión de otro ser. Que si has de soltarme, hacerlo, mas tirones no aguanto más.

Y poniendo atención a medias, apenas oyendo de soslayo, acertó a responder la mano con su tono de padre mandón:

Qué no ves, globo iluso, que yo soy tu amo y creador¿? Sin el aire que he procurado para inflarte no pasarí­as de goma inerte. Ten en cuenta, mal agradecido, que es más lo que puedes hacer teniendo la firmeza de este cuerpo al que pertenezco que siendo dueño de tus decisiones. Mira que si volar te dejo no habrí­a control al que pudieras acceder.

Cada dedo acentuaba una sí­laba, cada sí­laba acentuaba la desilusión del globo.

Mientras escuchaba a su tirana, ama y señora, dueña mano, Plop se fue desinflando voluntariamente. El aire abandonó su cuerpo y se dejo ir el globo con él. Apenas recordando que recuerdos no tení­a, apenas anhelando una montaña rusa que nunca conoció.

Hace falta

Cuentos y mentiras21 septiembre 2012 • 2~2 min read • 1

Lo que falta es calle, niño.
Saber lo que es el frí­o.
Contar con los dedos los panas,
y con las estrellas los vandidos
que persiguen la diferencia;
esos fuera del mapa, o bien debajo,
armando fiesta de disfraces,
porque es de disfraces la vuelta.
Lo que falta es hambre, niño.
Vivir al azar, descapotado.
Pasar la lengua por el vidrio
y saber que no se hizo el dí­a.
Que la ví­a se abra toda
y se parche como la propia.
La que planta cara y dice,
la que manda la parada.
Lo que hace falta es rudeza, niño.
Creer sin creer, porque toca.
Porque las señales apuntan
a que no hay señales claras.
Porque ya son tantas farsas,
que el guión se hace fragil
y la atención concentrada
nos hace estúpidos convencidos.

Balido

Cuentos y mentiras3 julio 2012 • < 1 min read • 0

No dejemos ir la fuerza que de improviso asoma,
cubrámosla de rutina y de quehaceres cotidianos,
terrenos donde el humano cultiva sus aficiones.
Démonos a las canciones y al derroche de ilusión.

Un dí­a tal vez los colores saltarán del prisma extasiado,
pues de haber encontrado por azar nuevos matices,
irrumpe en las narices y hace de los tonos aromas,
para hacer de un azul dulzura y del rojo acidez benigna.

Juntemos puntas, costados y alas,
vamos de paseo a las cartas y robemos unas cuántas letras.
No como el pez sin aletas, ni como una pose mala.

Y es que la oveja bala y el gato adentro maúlla,
serán tuyas las blancas dudas y la esperanza borrosa,
una y otras amarradas con un lazo de esto que soy.

La sola

Cuentos y mentiras2 mayo 2012 • 5~8 min read • 0

Martha veí­a novelas tarde y noche. Martha con h intermedia (como en la cédula, repetí­a siempre). Veí­a novelas para llenar de historias el  arte que aprendió en las tardes de abuela, zaguán de finca y mecedoras. En las pausas comerciales observaba sus manos ágiles manipular las agujas tejer feroces como si no pudieran detenerse. Martha viví­a sola, contaba 51 años, no tení­a familiares conocidos y pocas veces abandonaba su casa más que para abastecerse de comida y hacer alguna diligencia obligatoria. Así­ viví­a.

Las novelas que veí­a Martha, además, le procuraban los cuentos que iban formando lo que ella conocí­a como su vida. Un entramado de mentiras bien producidas bailando en desorden con sus pocos recuerdos. Mientras se nutrí­a de entretenimiento acusaba hambre de experiencias propias y sensaciones ví­vidas que no le llegaran a través de un cable o de una antena (mis novelas son mi vida, supo decir un dí­a). Martha habí­a vivido poco por pasarse el tiempo alienada por los tubos de rayos catódicos y las noticias que traí­an.

Quince años llevaba en esta casa que pudo comprar a crédito pagando las cuotas con el fideicomiso que con precausión y buen juicio organizó su abuela años antes de morirse, cuando aún viví­an en el pueblo, y serví­an en esa hacienda inmensa dónde tejieron atardeceres y cantos de pájaros. A veces le relataba esos tiempos a la única persona cercana a su vida, y que podí­a llamar su amiga, aunque no lo hací­a (una conocida con la que hablo de novelas, anotaba). Hablaban en las noches por teléfono para contarse las impresiones que tení­an sobre cada episodio de la jornada.

Una noche de viernes en que el quinto dramón de su programación diaria llegaba al final, se econtró Martha, como ante un espejo, en la pantalla. Ní­tida, ella, metida en una novela que estaban anunciando. Una historia intimista, de soledades absolutas, de los guionistas de Lágrima Muda, con la actriz de moda, anunciaba la voz grave que ya era como de la familia. La actriz de moda, Mariana Calamar, se veí­a idéntica a Martha con ese maquillaje, ese vestuario, esas maneras. Le saltaban los ojos ante la imagen que tení­a en frente y se le iluminaba el gesto con el rótulo fulgurante que anunciaba el inicio, próximamente, por el mismo canal, de “La Sola”, en horario estelar.

Temblaba. No pudo esperar a que fueran las nueve en punto para la llamade de rigor. Tomó el aparato y apretó el botón de remarcar. Aló.

Desde tal dí­a Martha no tení­a tranquilidad. Las pocas secuencias que pudo ver en el anuncio detonante le alertaban de tal forma que su rutina de tantos años se veí­a alterada. Ya no tejí­a veloz, y  descuidaba escenas de tramas que seguí­a con devoción: la ruptura de Amanda Josefina y Armando José en “Romance Electrónico” pasaba desapercibida en las conversaciones telefónicas de las noches siguientes. Martha no podí­a dejar de fantasear con verse, su historia en pantalla, justicia de fantasí­a que la harí­a visible. Es que sos igualitica, le decí­a su conocida amiga, uno te ve y patentica estás (es que sí­, pensaba). Eso retumbaba en la cabeza de Martha de tal forma que dormir era lujoso por esos dí­as de agosto.

Antes dormir no habí­a sido problema. Martha era una mujer de hábitos, y la hora de dormir se ganó el lugar en su rutina como el espacio de sosiego. Sin embargo,  ya se dijo que los hábitos de Martha no serí­an los mismos en adelante. De forma obsesiva entregó su energí­a a la espera paciente de la fecha anunciada para el lanzamiento de “La Sola”. Dejó de hacer lo que hací­a todos los dí­as para darse, sin tregua, a la contemplación de esos segmentos de imágenes que le inundaron el pienso. Cada anuncio que pasaron esos dí­as fue grabado debidamente en casetes VHS.

Empezaba a vestirse mejor, eso sí­. Aunque no tuviera que salir, se poní­a la ropa de salir, y salí­a. Ella lo que tení­a metido en su cabeza es que la gente la iba a reconocer por el anuncio de la telenovela y la mirarí­a curiosa. Que la confundirí­an en el mercado, oyó en repetidas telefoneadas nocturas cuando con su compañera novelera construí­an ilusiones de cuadros vistos en historias viejas y nuevas de tantas que veí­an. Martha empezó a formar en esa cabeza una memoria hecha de retazos de experiencias ajenas.

Cada dí­a un anuncio nuevo y el despliegue de los noticieros, que abren su pasarela y apuntan las luces a su propio pestañeo, mordiéndose la cola para diversión de todos. No se hablaba de otra cosa en la farándula nacional. El elenco estelar, los guiones perfectos, la escenografí­a impecable y la producción sin reparos. ‘La Sola’ se ofrecí­a al mundo como la historia de los que viven a través de otros, sin respirar un dí­a el aire de  la la felicidad, fugaz o eterna, falaz o cierta. De esos dí­as podrí­an contarse relatos con detalles, más lo que seguirí­a es lo el cuento en sí­. Una de esas noches próximas, tres dí­as antes de la fecha del lanzamiento, televisión en frente, los anuncios perderí­an sentido, y el camino de Martha con h toparí­a uno nuevo.

El noticiero anunciaba con música entre tinieblas y melancolí­a postiza la muerte súbita de Mariana Calamar. Muerte que obligarí­a, sin dudas, a la cancelación de la emisión de la producción en la cual desempeñaba el rol protagónico. Las circunstancias eran desconocidas por los medios, pero seguirí­an indagando para resolver el misterio de orden nacional.

Sobrecogida y sin sentido de orientación, Martha dejó caer las agujas y el tejido que rodaron frente a sus pies como rodaba su ánimo. Estuvo en silencio por minutos esperando el aire que le faltaba. Cuando logró tomar una bocanada para garantizar su subsistencia inmediata recogió las agujas aún enredadas en el tejido rosa del saco que la ocupaba. Palpó sus manos y sus muñecas como en medio de una despedida, y súbitamente, apenas acompañado el gesto del seño fruncido y un encogerse de hombros involuntario, enterró una de las agujas en su muñeca derecha cuidando entrar en la vena que irrigaba su mano hábil.

Mientras un hilo de sangre oscurecí­a la lana que iba hasta el ovillo que habí­a sido destinado a una prenda de vestir, en la televisión, aún prendida, aparecí­a un informe especial esclareciendo el caso de la muerte de Mariana Calamar. Las autoridades investigarí­an a fondo la escena del levantamiento del cadáver, un camerino donde encontraron a la actriz con el vestuario de su personaje actual, quién al parecer  una aguja de tejer incrustada en la muñeca derecha como nacimiento de un largo hilo de sangre que se hací­a charco bajo el tocador.

Érase una almojábana

Cuentos y mentiras14 abril 2012 • 1~2 min read • 1

Érase una almojábana devenida pandequeso. Única entre la parva, ganose un lugar en lo más visible de la vidriera; gloria fue su vací­o así­. Mojicón, rosca y pastelito desmigajados de envidia. Levadura que no leva dura el ancla que a la tierra le sostiene. Campos de trigo, soles de media mañana. De lo alto mirase un pan envuelto de hace ocho dí­as; verde de celos ancianos como los bizcochos primos que tras él esperaban el desahucio. El pandequeso recién nacido era una rareza más entre piezas de harina envejecida por abandono. Érase un pandequeso que antes almojábana fue.

Tengo de palabras lleno el saco

Cuentos y mentiras12 febrero 2012 • 2~2 min read • 2

Tengo de palabras lleno el saco.

Largas, cortitas, dulces, ariscas,
francas, finas y puntiagudas.

Tengo pronombres, adjetivos y adverbios,
mas de verbos la escasez  se nota.

Conjugar justo en horas de sueño,
el salto del pluscuamperfecto, la duda del subjuntivo.

Denotan y connotan, viven,
arman festines de interpretación.

Entonaciones al ritmo de la intención,
velos que son llevar, traer, indecisión.

Son delación involuntaria,
o simple asumirse animal simbólico.

Honestas, falsas, verdades a medias,
son lo que son, y al revés ya no.

Que acarician los labios, y muerden la lengua,
las hay tan frí­as que los dientes tiemblan.

Te dejan sin aire en el trabajo de parto,
te cargan de vuelta, te llevan de viaje.

Tengo fonemas ordenados al azar,
que bordean la lógica, que marcan el paso.

Son el capital del nómada,
acerbo del ajeno huraño.

Juegos y danzas con ritmo propio,
rebelde grafí­a de la inconstancia.

Voy de la euforia al desahucio,
tengo de palabras lleno el saco.

Despuntado

Cuentos y mentiras7 febrero 2012 • 4~7 min read • 3

Sin punta, mutilado, de amarilla piel sollozaba el lápiz. Viví­a acongojado por los trazos, hoy difusos, que fueron huella de sus coreografí­as. Los tiempos del vigor, del cuerpo firme, del borrador intacto. Se crispaban los nervios en el abrir del estuche cerrado por una cremallera tan vieja como el grafito en su entraña. Raí­do un extremo, por la ausencia del otro le llamaban Despuntado.

Entre nóveles colores y crayones veteranos, testigos de antiguos dibujos libres, rayones al azar y marcas que fueron í­ndice de logros y frustraciones, pasaba sus horas en esa agoní­a que juzgaba temprana. Se lamentaba diciendo que sus dos escasas pulgadas de estatura eran más que suficientes para cumplir sus labores a cabalidad. Solo necesito una punta y unos dedos hábiles, repetí­a suspiro a suspiro. Solo una punta. Solo unos dedos hábiles. Ser nunca se olvida, y lo mí­o siempre ha sido ser lápiz… y de los buenos, afirmaba sentencioso.

Despuntado, despuntado, coreaba el rojo carmesí­ en un grito de falsa exaltación. Vamos a salir a pintar todos este domingo, hablaba el socarrón… hací­a una pausa y remataba con la habitual carcajada: pero, claro, si no tienes punta no podrás ir con nosotros, pobre de ti. Y a reí­r tornaban los colores de la nueva temporada. Sin embargo, no eran su mayor pena las burlas de andar torpe y las presunciones con tinte de ignorancia. De puntas filosas nunca habí­a tenido envidia. Yo también tuve punta, se decí­a para sí­. Mas, deseaba con ardor el tiempo del sacapuntas frecuente; una, dos, varias veces al dí­a; dí­as, semanas, meses de garabatos y notas. Así­ viví­a Despuntado, entre nostalgia y anhelo.

Fue con motivo de una asignatura especial que verí­a la luz de nuevo. Cierta mañana, recuerda, despertó en un mesón rodeado de sus vecinos más jóvenes. Fuera del estuche, sin rastro de la cremallera. Vista directa al cielo raso blanco. A escasa distancia su objeto de deseo: un sacapuntas de verde vestido y hoja afilada, dispuesto al tajo rápido, en una esquina reposaba. Era pulpa mineral hecha angustia, cubierta con marcas de mordiscos sumida en ansiedad. Pero, la fortuna a Despuntado no le otorgarí­a favores; esa distancia tan corta no serí­a zanjada.

Después del ir y venir constante de matices brillantes y saturados de vida, fue amminándose su esperanza de tomar parte en el baile. De reojo, con gesto cada vez más apagado, observó hacerse en el lienzo de papel industrial una figura completa que no necesitó de su acción. Solo una punta. Solo unos dedos hábiles. La faz hendida ya no aspiraba a roce alguno. Ser nunca se olvida, hablaba su optimismo.

Ni bien terminar la tarea a que se vieron convocados, iban retornando al estuche los partí­cipes del festí­n cromático. Victoriosos, exultantes, ebrios de mezclas y contrastes; todas condiciones de las que fuera dueño Despuntado. Ahora, de lejos, veí­a la comparsa terminar sin su acto. No estaba incluí­do en el programa. Sobre el mesón quedarí­a solo mas en compañí­a de un viejo papel arrugado. Vio cerrarse la cremallera y quedar la expectativa en ascenso.

Ser nunca se olvida, dijo una vez más Despuntado, mientras unos dedos hábiles vendrí­an a conducirlo a una ubicación nueva que serí­a morada de su nostalgia y su anhelo. A un cajón de madera en la parte baja del armario irí­a a dar el viejo lápiz con sus historias hoy mudas. Lejos estaban los verdes chillones, que no dejaban dormir; los amarillos vivos, que siempre quisieron sacar ventaja; los azules oscuros, con su metafí­sica de libro de citas; lejos estaba la cremallera tan vieja como el grafito de su entraña.

Cerca, sí­, las pilas gastadas, los cables sueltos, las monedas extranjeras de baja denominación, los juguetes estropeados, las libretas de notas en desuso, los calendarios de años pasados pintados de gatos y flores comunes. Cerca estaba su lugar entre objetos desechados después de su servicio. Cajón del olvido, repositorio de jamases.

En tal estado de abandono supo Despuntado hablar: solo una punta requiero, que la experiencia la tengo. Notas de amor,dibujos al paso, listas de mercado, marcas como guí­as, datos para recordar… cuánto recorrido en vida y aquí­ vengo a parar. Qué hay de la gratitud¿? Qué hay del reconocimiento a las heridas de la batalla¿? Acaso hay menos mérito en mis capacidades por simple paso del tiempo y la merma de mi funcionalidad¿? Qué no ven la seguridad del trazo en aquél que toda su vida ha trazado¿? Qué utilidad y valor no son lo mismo hoy que antes¿?

Y en un hilo de preguntas se dejó ir Despuntado mientras caí­a el velo de madera hacedor de la oscuridad, y en el fondo murmuraba, cansado de estar sin punta, que ser nunca se olvidaba, y que lo suyo habí­a sido ser lápiz… y de los buenos, además.

La técnica avestruz

Cuentos y mentiras29 enero 2012 • 5~8 min read • 0

Me dices que alguna vez percibiste cómo al contacto de tu piel con el agua de la piscina podí­a verse el vapor emanar de la superficie, mientras en el fondo, rubicunda y confundida, pensabas en un plan para evadir el resto de tus dí­as lo que acababas de descubrir. A propósito del clima. Eso lo dices mientras sonrí­es, y tus ojos parecen irse de paseo a ese tiempo en que imagino la misma figura, el mismo í­mpetu, la misma resolución en las palabras. Pasea en la memoria una frase de otra conversación: nadie cambia, solo nos hacemos menos animales.

Sigues, y cuentas que desde aquél tiempo supiste que tu relación con el mundo serí­a de huidas y escondrijos. Que aprendiste a descifrar la fórmula para evitar la confrontación. La técnica avestruz, apuntas con ese brillo en los ojos que produce el ingenio, al entrar en detalles previos a la anécdota que te ocupa. Todo esto en frente mí­o, al otro lado de la mesa gigante de un metro de ancho.

Que era un muchacho delgadito, hasta feo, pero que a ti te partí­a el corazón que no te mirara, que pasara de largo y ni se diera por enterado de que existí­as. Eso es muy duro cuando tenés 10 años. Aunque, ahora que lo piensas bien, lo que más te dolí­a era verlo juntándose con la negrita de la casa de al lado. Eso era una tortura. Bendita negrita. Otra sonrisa. La mirada viaja a las entrañas y se oscurece por un momento. La botella de cerveza está casi vací­a, pero llena de imágenes mi pizarra de cuestiones pendientes.

Era un verano. Coincidieron en un paseo con tus primos. La negrita, el flaco y tú. No sabí­as muy bien qué era lo que producí­a la suma de tantas sensaciones juntas. El niño que te poní­a inquieta estarí­a a unos cuantos metros de distancia por un dí­a entero. Desde que llegaron al balneario no hiciste más que buscarlo con la mirada. Siempre estaba con la negrita. Bendita tortura. Pido al mesero un par de cervezas más con un gesto sutil para no interrumpir tu paseo al recuerdo. Juegas con la etiqueta de la botella que recién llegó a la mesa, y sigues en tu historia, y yo en ella. Testigo de fe, cómplice por decisión. Bendita tortura.

Describes el traje de baño que estrenabas ese dí­a: piñas, naranjas y otras frutas tropicales. Rí­es estrepitosamente con la imagen de tu cuerpo recogido, lleno de ira, que espiaba la escena detrás de un árbol. La negrita, el flaco y un primo tuyo conversaban ruidosamente. Eran celos lo que sentí­as, mas no sabí­as qué eran los celos. Aun así­ recogiste fuerza y te encaminaste a ocupar la silla vací­a al lado de la pileta para unirte a la conversación. El cuerpo seguí­a incómodo y las sesanciones era cada vez menos conocidas.

Desarmo tu frase mentalmente aprovechando el corto silencio que la enmarca. Incomodidad. Sensaciones. Desconocidos. Bebo un trago de la botella y una gota cae sobre mi camisa, eso llama tu atención por un segundo, pero sigues acodada en tu memoria. Con emoción, después del bache oscuro, relatas el momento en que la negrita y tu primo tuvieron que acudir al llamado de algún adulto. Los nervios creciendo, el no saber qué es lo que se siente. Quedarse solos. Eso es muy duro cuando tenés diez años. Pienso en cuán difí­cil es emitir el primer fonema de un hilo confesional. Pienso en lo que era tener diez años y en lo lejos que estoy de eso, a pesar de lo que dice mi psicólogo.

Te sonrojas emulando la situación. Después de un largo silencio le dijiste algo que no tení­as premeditado. Tu primera palabra fue una sonrisa de esas. Esas. Luego, sin preámbulo, un reclamo. Que el por qué andaba con esa niña que no le convení­a, que se estaba desperdiciando, que tan bobo. Y así­ una perorata que adentro me produce estragos. Una pausa dramática antecede al final del recuerdo.

Me dices que al quedarte callada el negrito te miró fijamente, para que pusieras atención a lo que te dirí­a. Temblabas. Las frutas en el traje de baño parecí­an caerse de maduras. Abriste los ojos como sabes abrir los ojos para apoyar una sentencia: me gusta es usted, dijo, exclamas entusiasmada. Saboreas la emoción lejana, fantaseas con lo que fue. Un trago de cerveza y la cara iluminada que me mira esperando reacción. Y adivina lo que yo hice, me interpelas de forma retórica pues muy bien sabes que no tengo idea a dónde va la historia. Sin espera, cuentas que corriste a sumergirte en la piscina y nunca le hablaste más al bendito negrito. Que así­ fue tu primera historia de amor. La técnica avestruz.

Sonrí­es de nuevo. Mi corazón virginal, desprovisto de estos relatos, duda, baila, busca razones. La cerveza se acaba otra vez y el silencio se infla. Mientras esperas de mi parte el puente que de paso a que siga la conversación, en lo único que logro pensar para tranquilizarme es en que fue una buena decisión no haberte citado en ese bar de terraza que tiene una piscina al lado.

Postales: Vereda Nazareth – El Retiro

Videos1 enero 2012 • 1~2 min read • 1

Vereda Nazareth. El Retiro, Antioquia. 29/12/2011

Tres dí­as de desconexión.


Música de Michu, Horizontes.

Cluecas

Cuentos y mentiras10 diciembre 2011 • < 1 min read • 0

Las ves caminar intactas, sin mácula.
En épocas de colegial rompí­an básculas
mas determinación, ungüentos miles,
dietas, cardio y televisión,
sumado a cien pieles textiles
soportan, calmos, la ilusión.

Prolijas van con sus carteritas,
pulcras, invictas, perfumaditas.
Mezcla de alcohol y aromas frutales,
cubierta en polvo, tí­midos brí­os,
kit de valores elementales,
locuacidad que hace rí­os.

Van soñolientas, recién bañadas,
sin evidencia, apenas afectadas,
por las tantas noches de rutina,
acumuladas por libreto impuesto,
entre pantalla y cocina,
entre ideologí­as de repuesto.

No hay puente posible,
vil pasión por combustible,
satisfacción que es una venda,
avanzan triunfantes las gallinas,
hacen a tacón su senda,
otro decir son pamplinas.

Son las drogas

Cuentos y mentiras23 noviembre 2011 • 1~2 min read • 1

Negaré cualquier matiz de esoterismo dado,
impávido, mas desembarazado de gratuito y fútil cinismo.

Son las horas que se juntan sin hacer barullo alguno,
se pierden en el murmullo de la sana desolación.

Son parodia, son canción,
y bailan porque no hay otra que tararear el futuro.

Acaso, yo me pregunto, la salvación es la meta¿?
o la  guí­a del asceta que hasta la puerta ha llegado¿?

Acaso el pomo empolvado es evidencia de antiguas derrotas¿?
O de magní­ficas victorias pí­rricas y de ganancias de las otras¿?

Es como perro que su cola muerde, la respuesta que tí­mida asoma,
desvarí­o, alucinación o efecto retardado de las drogas.

Como remedio casero que incuba daños laterales,
ahuyenta precoces males, con cultivar tiernas afugias

Negaré, firme, en todo caso, cualquier interpretación,
y también seré canción y subjuntivo futuro.

El Chulo de Velandia y la tigra

Videos20 noviembre 2011 • 2~2 min read • 0

Desde que empecé a trabajar con Punto Link hemos hechos muchas cosas bonitas. Cada vez me convenzo más de que ese es mi lugar, y que lo que se viene es aún mejor. Entre esas cosas que hemos hecho, lo más reciente, y que me ha dejado muy satisfecho, es el videoclip de una canción de Velandia y la tigra, una de mis bandas de cabecera, y que hace poco más de un año se quedó atorada en mi lista de reproducción.

La canción se llama El Chulo, y el video lo hicimos invitando a algunos amigos que asistieron al Festival Altavoz 2011, para que con su camarita, grabaran la interpretación para luego componer este clip. Llegaron en total 25 tomas, incluyendo las del equipo de Todo lo que hay, y con el material recibido, levanté la mano e hice esta edición que ahora está rodando. Además, hicimos un sitio especial para presentar el video, y todo el material recogido.

A don Velandia muchas gracias, que se disfrutó mucho. Este es el chulito.

Qué difí­cil es dejar el tabaco

Videos3 octubre 2011 • < 1 min read • 0

No le ponga tabacos a su nene para acompañar un disfraz; le va a coger el gusto, yo que le digo.

Fuma de ayer

Cuentos y mentiras29 septiembre 2011 • 2~2 min read • 0

Con los ojos vidriosos de la fuma de ayer, muy de madrugada, y sin haber dormido, se forma en mi memoria una silueta que te escribe una carta; en papel casero como en los dí­as de asueto, cuando hacer papel casero y escribir cartas era lo que tení­amos en común.

Primero en borrones, después cristalina, surge la grafí­a en el soporte blanco hueso con su forma de recuerdo, de reproche, de grito contenido. Con letra firme y clara dice que estoy solo; que extraño esas mañanas de café y panorama hasta la hora del almuerzo; que estos dí­as presentes, con su aridez por bandera, son el precio que pago por algo que compré; que no sé muy bien de qué se trata, pero que lo averiguaré.

Las letras confundidas, atendiendo con desgano a su misión, se juntan en excusas de las más variadas tallas.  Son tiempos locos los nuestros, la economí­a es una farsa, los niños de ífrica, puta Iglesia, abajo el sistema. Pintan las palabras paisajes desolados, habitados por máquinas, anuncio del novamás, pero siempre, o sea sin excepción, aparecen los colores desde un has de luz que sos vos; una luz de tanta claridad que lastima las retinas, mi sensibles retinas. Otra vez disculpas, que tan cursi, que no hay más qué hacer, que el amor, que el odio, que mejor así­.

En ires y venires de pluma al tintero, porque hace un tiempo sólo escribo con pluma y tintero, el dibujo se completa desnudando silencios. Vence la claridad a la noche por completo hasta llegar al punto final; pausa suspensiva  papel doblado, sobre.  Mi silueta y sus manos temblorosas, otra pausa. Caminar dos pasos hacia la mesa de noche

Prendo el otro. Quemo la carta.

Cinco años de enredos

Cosas varias25 septiembre 2011 • 4~6 min read • 5

Llevo cinco años enredado con este blog. Cinco años de publicar algunas cosas personales, y otras que no lo son tanto; siempre con la convicción de que lo hago por mí­ y para mí­. Escribo para recordar, o para no olvidar, que no es lo mismo. Escribo para decir que aquí­ estoy yo entre tanta gente, dándole a mi proceso, sufriendo y disfrutando de esta vaina que es el vivir.

En cinco años de este blog, y de mi actividad con él, la mayor ganancia ha sido la amistad, pues, de cuenta de esto, he conocido personas que hoy soy importantes para mí­ en muchos sentidos. Hablo aquí­ de el artista antes conocido como Programator, de El Reticente, de Medea, de Galo, de Pisotres, de Ana Marí­a Vallejo, de Carlos Esteban, de Campanula, de Fredy Vargas, de Alejandro íngel, de Mancho, de ManuelJ, de Ví­ctor Solano, de Mezvan, de Sandel, de Madame Web, de Patton, de íngela Perversa, de varias Carolinas, de tantos… de tantas personas que no recuerdo en este momento, pero que ahí­ están en el archivo en algún comentario, en algún link, o en alguna referencia. Personas, todas ellas, que son parte hoy de lo que podrí­a llamar mi familia digital.

Ha sido tiempo de Medallo Bloguero, Blogotemático, HiperBarrio, Altair, Campus Party, Todo lo que hay, y otros proyectos en los que he participado, y que hoy me  permiten tener algo que aportarle a Punto Link.

Y bueno, si bien en este blog no se publican grandes obras literarias, o columnas de opinión que destaquen por su contundencia, hay algunos textos que recuerdo con calidez, y que no habiendo mucha inspiración por estos dí­as, me sirven para devolverme, realimentarme y empezar un ciclo nuevo.

El ejercicio entonces es recordar algunos de esos posts, y proponerme la tarea de escribir en este mes que sigue, con la coincidencia de que los próximos treinta dí­as serán la antesala de mi cumpleaños número treinta.

Así­, si tiene un rato libre, le dejo una lista de los post que más me gustan de este blog, que siempre ha sido autorreferente, un poco ensimismado y hasta autista:

Y así­. Este blog no es un dechado de brillantez, pero sí­ que me ha servido para aclarar ideas. Gracias por acompañarme.
Salud.

44 Placeres sencillos

Listas22 junio 2011 • 3~4 min read • 3

Leí­ en twitter a mi amigo Evelio diciendo que “la vida es mejor cuando uno goza barato“, y estuve de acuerdo al instante. Por convicción y por como se me ha dado la vida, me he dedicado a cultivar hábitos sencillos que van en sintoní­a con lo que quiero ser cuando sea grande: un viejo tranquilo lleno de historias y simpatí­as.

De ahí­ salió la necesidad de pensar en esas cosas cotidianas y sencillas que me generan placer, y me acordé que yo antes hací­a listas. Entonces, sale una lista de mis placeres sencillos, de mis formas de gozar barato, en palabras de Evelio:

  1. Compartir un silencio cómodo.
  2. Comer un bocadillo de guayaba.
  3. Recibir una sonrisa honesta.
  4. Comer una taza de mazamorra.
  5. Conversar con mi madre de “cosas de la vida”.
  6. Comer una taza de mazamorra con bocadillo de guayaba.
  7. Caminar solo en en una noche con brisa.
  8. Los dí­as de frijoles en mi casa.
  9. Los dí­as de frijoles en Punto Link.
  10. El sentido del humor de mi madre.
  11. Ver fútbol inglés en televisión.
  12. Ver fútbol español en televisión.
  13. Ver fútbol infantil en una cancha de barrio.
  14. Jugar micro donde se pueda.
  15. Patear una pelota que me llegó accidentalmente mientras pasaba por una cancha.
  16. Conversar pendejadas con amigos.
  17. Disfrutar la vista desde mi ventana.
  18. Leer algo que me atrape.
  19. Encontrar una pelí­cula que me ponga el ojo aguado.
  20. Ver pasar gente sentado en algún lugar de la ciudad.
  21. Jugar con palabras.
  22. Descubrir juegos de palabras.
  23. Hacer rayones en libretas.
  24. Enamorarme de alguna canción y oí­rla hasta olvidarla.
  25. Tomar jugo de guayaba.
  26. Pensar en nuevos proyectos.
  27. Ayudar efectivamente a mis amigos y familiares.
  28. Besar hasta sentirme entumecido.
  29. Los dí­as frí­os.
  30. Usar una computadora que trabaja rápido.
  31. Caminar con música así­ no sea de noche, ni haya brisa.
  32. Enterarme de que el almuerzo es lentejas.
  33. Sintonizar con las ideas de personas que recién conozco.
  34. Abrazar fuerte y con ganas.
  35. Ver una imagen que me emocione (son tantas).
  36. Encontrar coherencia entre lo que pienso, digo y hago.
  37. Reí­rme porque me dieron ganas de reí­rme y ya.
  38. Recomendar una pelí­cula y que al destinatario le guste.
  39. Darme una ducha frí­a en un dí­a caluroso.
  40. Caminar descalzo.
  41. Encontrar una tela que me guste en una retacerí­a.
  42. Hacer una nueva prenda de vestir con mi madre.
  43. Oí­r los sueños y aspiraciones de la gente.
  44. Publicar un nuevo post en mi blog.

Lo dejo en 44 por ser un número cercano a mí­, pero son muchos más. Ya antes habí­a hecho una lista de cosas que me hacen sonreí­r, que se cruza en algo con esta, y que ando revisando para darle un sacudón a esta memoria traicionera que a veces me hace malas jugadas.

Todo lo que habrá

Cosas varias14 junio 2011 • 2~3 min read • 0

Hace un mes oficialicé mi vinculación con Punto Link. Si bien mi vida ha consistido a hacerle el quite al empleo en su forma tradicional, tener la oportunidad de unirse a un grupo como el de la Casa Creativa Punto Link, conformado por amigos con los que me siento en sintoní­a, es una oportunidad soñada. En este mes hemos ido poniéndonos al tanto de todo el trabajo pendiente, atando algunos cabos aquí­ y allá, y preparando el terreno para un nuevo golpe.

En las últimas semanas nos hemos dedicado a un proyecto que desde 2010 ha sido una de esas terquedades a las que uno se pega: Todo lo que hay. En la primera temporada hicimos cada jueves una emisión en vivo por streaming, de más de dos horas y con temas varios.  Hoy decidimos cambiar la apuesta, pensar en pequeños formatos, en una nueva manera de publicar y distribuir los contenidos, y estamos dando los primeros pasos para eso.

Ayer estrenamos un sitio en construcción, para recomponer el camino y asirnos a nuevas terquedades.  Los invito a pasar por ahí­, echar un vistazo y estar pendientes de las novedades.

Les dejo además la razón del cambio del logotipo: un fatal accidente ocasionado por un french poodle.

Visite Todo lo que hay. O no.

Soneto incompleto: Conectado y disponible

Cuentos y mentiras14 mayo 2011 • < 1 min read • 1

En las mañanas purga de misivas,
entrando el dí­a juegos y lecturas,
y aunque tengás trabajo que te apura,
no faltarán los retos de inventiva.

Hora de almuerzo, va la pausa activa,
después a ver si el orden tiene cura,
para seguir disperso en la locura
de sortear la ola informativa.

Así­ de golpe el dí­a se hace ruina,
y por pasar las horas conectado
tenés pendientes hasta en la cocina.

__ __ __ __ __ __ __ __ __ __ __
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El ejercicio, si quiere entrarle, es sencillo. Dejo tres partes y usted lo completa en los comentarios. O en su mente. O no.

:D

Una vez

Cuentos y mentiras3 mayo 2011 • 2~2 min read • 0

Habí­a una vez una vez sentada en un rincón encadenada a un árbol. Se negaba a iniciar cualquier historia. Estaba en huelga. Era una vez que hizo conciencia de su destino ya escrito y recogió fuerzas para alzar su voz de protesta; decir NO a las estructuras ya vistas a pesar de las consecuencias.

Y decí­a NO con énfasis contundente. Después de ver tantas veces de su familia desvanecerse en historias que nada contaban, habí­a decidido dar un grito libertario. Se negaba a ser una simple anécdota, un detalle simpático. Hablaba esta vez por todas las veces. Aunque no todos sus motivos eran dignos.

Habí­a una vez una vez envidiosa de las tramas y los desenlaces. Se tiraba de los pelos al pensar en los conflictos que veí­a a lo lejos, páginas adentro. Revolví­a su estómago el imaginarse los finales, tristes o felices, trágicos o épicos. Todos le parecí­an igual de detestables, igual de pomposos y pagados de sí­ mismos.

Era una vez con experiencia en dramas y comedias. Habí­a presenciado tanto descripciones hilarantes de oscuros personajes, como viajes por praderas nubladas entre el frí­o venido del norte y promesas de relatos sobre caballerí­a. Lo habí­a visto todo: sangre y llanto; amor y odio; tiraní­a y piedad.

Respiraba con agitación. Las manos apretadas, llenas de todos los sentimientos y emociones que pueden caber en un par de manos. Mientras estaba allí­, encadenada y convencida del poder de sus acciones, cayó aletargada en el sueño de los relatos olvidados, de las letras no leí­das. En un par de horas, o años, o siglos, se apagó esa voz que decí­a NO.

Habí­a una vez una vez que nunca pudo contar el cuento.

Sobre Orsai

Videos26 abril 2011 • < 1 min read • 1

Con mi amigo El Reticente hicimos esta reseña sobre un proyecto que amamos, la Revista Orsai. Comparto aquí­.

Hay baile en la noche

Cuentos y mentiras12 abril 2011 • < 1 min read • 0

Si el dos va luego del uno todo está bien.
Calma populista, tus nutridos gérmenes viven aún.
Y vivirán.

Si el uno va luego del dos, en cambio, todo es igual.
Animaos oprimidos, hay baile en la noche, dicen.
A bailar.

Cuarto piso

Cuentos y mentiras6 abril 2011 • 2~2 min read • 2

Al cuarto piso del edificio donde vivo se le vio por última vez el domingo pasado. No le he preguntado a nadie a dónde ha ido, pero puedo ver como respuesta un silencio incómodo y un tornar de ojos que no entiendo. Al cuarto piso del edificio donde vivo se le vio por última vez justo después de la tercera planta; antes de la quinta.

El edificio donde vivo tiene cinco pisos nada más, y yo vivo en el último. Como no hay ascensor, hago unos 84 escalones por trayecto. El trayecto, para alguien que sale de su casa solo para lo estrictamente necesario, es una tragedia completa, con todos sus actos. Desde el pasado domingo no he salido, pero puedo ver que el cuarto piso del edificio donde vivo ya no está ahí­.

El domingo pasado, cuando vi por última vez al cuarto piso de mi edificio estaba radiante. No soporté el brillo. Aunque duró poco y luego se esfumó. Desde el fondo del cuarto piso del edificio donde vivo, una voz de un hombre extraño en su hora de despertar, clamó de la forma más vulgar ese nombre que yo apenas y pronuncio con pudor, al grito de una solicitud, mientras rascaba su panza al viento, cubierta de pelo: “Mariana, traé leche y huevos”.

Hay quiénes dicen que el cuarto piso del edificio donde vivo sigue ahí­. Yo no puedo, o no quiero creerlo, y por eso estoy preparando mudanza para el próximo domingo.

Nosotros los dinosaurios

Cosas varias31 marzo 2011 • 1~2 min read • 2

Esta semana pude acercarme, por medio de un documental que vi, a un personaje que conocí­a de nombre, y por alguna referencia de un amigo, o de una pelí­cula, o alguna serie de televisión: Charles Bukowski.

Luego del documental, empecé a buscar sus obras, y entre ellas encontré un poema que, aun escrito hace varias décadas, sigue vigente.

Así­ empieza:

Nosotros los dinosaurios

Nacimos así­
en medio de esto
mientras rostros de tiza sonrí­en
mientras doña muerte rí­e
mientras los ascensores se rompen
mientras panoramas polí­ticos se disuelven
mientras el chico del supermercado
termina la Universidad
mientras peces envueltos en petróleo
escupen su aceitosa plegaria
mientras el sol está enmascarado.

(sigue)

A mí­ me mueve el corazón. Léalo completo y verá.

Nota al pie: ando preparando un segmento para la Rrrradio! para hacer lectura de poemas. Si se le suelta una recomendación se lo agredeceré.

Dí­as de Rrrradio

Cosas varias17 marzo 2011 • 4~7 min read • 2

Hoy me levanté con ganas de iniciar una emisora, y lo hice.

Fue un impulso. Lo retuve por mucho tiempo hasta que no aguanté más. Me lancé otra vez a lo de hacer radio, cosa que ha sido una de mis metas desde que me recuerdo. Cuando niño llegué a desear ser locutor de fútbol, después no. De ese tiempo hasta hoy sigo consintiendo recuerdos radiofónicos.

A los 10 años de edad pasaba desde el medio dí­a pegado de la radio deportiva. Solí­a oí­r discusiones inanes sobre la lesión de tal o cual jugador, que perjudicaba su transferencia a éste o aquel equipo. Eso para mí­ era una novela. Los domingos hasta llamaba a responder preguntas para intentar ganarme unas entradas al estadio. Nunca gané. Pero, ahí­ estaba yo desde las 9 de la mañana atado al aparato, y opinando sobre el equipo aquel que se habí­a visto perjudicado por la lesión de tal jugador.

Pocos años después, el dial se mantení­a entre emisoras tropicalonas y de las otras, todas cargadas de chistes flojos, y de ese sentido del humor adolescente que hoy pervive y se multiplica. Yo reí­a sin parar con las bromas telefónicas, con las imitaciones, con las caricaturas sonoras, con las risas de otros. Ahí­ era desde la hora de levantarse, a las seis de la mañana, que se prendí­a el equipo de sonido mientras la preparación antes del colegio. En la tarde algo de música, y cerrar la noche oyendo programas para solitarios buscando amigos o de dedicatorias cursis. Yo soy cursi, apunto para el cursi que resulte ofendido. Yo oí­a el programa, pero nunca llamaba. No era capaz.

Ya terminando el colegio, estrenando adolescencia, cierta conciencia polí­tica empezó a movilizarse en mí­, y empecé a estar atento de las noticias, de los programas de opinión, mezclados ahora con la misma radio deportiva de antes, y algo de emisoras de rock. Me pasaba de las noticias a saltar alguna canción noventera. Era el tiempo en que hací­a grabaciones mixtas en casetes de 60. En ese tiempo, por la noche, remataba con programas de AM, que usualmente eran repeticiones de alguna emisión del dí­a, o un programa para trasnochados, que de acuerdo a las llamadas del público, se sostení­a con la atención de abuelas sin sueño y celadores luchando para no dormirse.

Mucha radio. Siempre. Los años recientes, llegando a este enamoramiento con Internet, que vivo desde hace unos siete años, empecé a hacer radio también. Conocí­ Altair. Allá pude probarme con el amigo Tettay, en una cosa que se llamaba Planeta Músika. Con muy buenas intenciones, hací­amos reseñas de historias musicales por paí­ses. Alcanzamos a hacer casi 40. Fue muy divertido.

Luego, Jenny Giraldo me invitó a hacer con ella un programa en UN Radio Medellí­n. Unos cuatro meses y una docena de emisiones aproximadamente, con entrevistas, reporterí­a, editar, y demás, me acercaron más. Me sentí­a en mi salsa, como dicen. Ahí­, en UN Radio, conocí­ a uno de mis mejores amigos en la actualidad, el buen Pachito, que tení­a su Cine al oí­do constante y sonante. Un año después, seguí­a colaborando en Altair, pero el interés se habí­a volcado al diseño web, y ese camino me sedujo. Más allá de lecturas de boletines de noticias en las mañanas, y la grabación de alguna pieza, no hací­a mucho en los micrófonos. Eran dí­as de escuchar radio, pensando en todo lo que se podí­a aprender ahí­, y amasando ideas para programas futuros.

Eso fue hasta 2007, cuando me encontré con Peter, Galo y Medea, y nos metimos a hacer Blogotemático. Ese fue un proyecto que disfrutamos mucho. 39 podcasts de casi una hora, hablando de blogs, con una red de usuarios muy importante para nosotros, en un entorno que nos permitió conocer buena gente, y participar en espacios que ampliaron de alguna forma nuestro cí­rculo. Hasta que ya. Por ahí­ en un disco duro se perdió la grabación del episodio de despedida, así­ como fue la suerte del “mí­tico” segundo episodio. Guiño, guiño.

Desde Blogotemático en adelante se movieron muchas ideas, pero se concretaron pocas. Las ganas siempre están. Las que no se juntan a veces son las voluntades y los tiempos. Ah¡! los tiempos. Pero eso ya no puede ser excusa.

Hace unos meses retomamos el tema de los podcasts con Juancho, y nos decí­amos que serí­a bueno hacer. Que todo estaba dado, pero tampoco concretamos. Y yo me quedé con las ganas. Al menos hasta hoy. Porque después de escuchar mucha radio y poder participar en algunos proyectos, creo que tengo un cí­rculo de amigos y contactos con las que puedo construir una buena propuesta. No hay otra pretensión que compartir y expresar. Ideas al por mayor y al detal.

Hoy me levanté con ganas de iniciar una emisora, y lo hice. Ahora faltan los contenidos. Se reciben propuestas.

Ya regresamos con más Rrrradio. In the pendiente, libertina y malhablada.