Tengo de palabras lleno el saco

Tengo de palabras lleno el saco.

Largas, cortitas, dulces, ariscas,
francas, finas y puntiagudas.

Tengo pronombres, adjetivos y adverbios,
mas de verbos la escasez se nota.

Conjugar justo en horas de sueño,
el salto del pluscuamperfecto, la duda del subjuntivo.

Denotan y connotan, viven,
arman festines de interpretación.

Entonaciones al ritmo de la intención,
velos que son llevar, traer, indecisión.

Son delación involuntaria,
o simple asumirse animal simbólico.

Honestas, falsas, verdades a medias,
son lo que son, y al revés ya no.

Que acarician los labios, y muerden la lengua,
las hay tan frí­as que los dientes tiemblan.

Te dejan sin aire en el trabajo de parto,
te cargan de vuelta, te llevan de viaje.

Tengo fonemas ordenados al azar,
que bordean la lógica, que marcan el paso.

Son el capital del nómada,
acerbo del ajeno huraño.

Juegos y danzas con ritmo propio,
rebelde grafí­a de la inconstancia.

Voy de la euforia al desahucio,
tengo de palabras lleno el saco.

Son las drogas

Negaré cualquier matiz de esoterismo dado,
impávido, mas desembarazado de gratuito y fútil cinismo.

Son las horas que se juntan sin hacer barullo alguno,
se pierden en el murmullo de la sana desolación.

Son parodia, son canción,
y bailan porque no hay otra que tararear el futuro.

Acaso, yo me pregunto, la salvación es la meta¿?
o la guí­a del asceta que hasta la puerta ha llegado¿?

Acaso el pomo empolvado es evidencia de antiguas derrotas¿?
O de magní­ficas victorias pí­rricas y de ganancias de las otras¿?

Es como perro que su cola muerde, la respuesta que tí­mida asoma,
desvarí­o, alucinación o efecto retardado de las drogas.

Como remedio casero que incuba daños laterales,
ahuyenta precoces males, con cultivar tiernas afugias

Negaré, firme, en todo caso, cualquier interpretación,
y también seré canción y subjuntivo futuro.