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Por hacer bonito hice feo

Miércoles, Mayo 27th, 2009

Entre cada conversación con El Chanclas pasa un tiempo en el que casi olvido lo que traen oculto los sonidos de la calle. Él me hace recordar siempre ese mundo que es más real que la realidad que nos venden en TV.

Una noche cercana, mientras caminaba circunspecto, vi su silueta al fondo de la cuadra y acudí a su encuentro:

  • Mister Chanclas, juguar yu.
  • Negrito de mis amores, medio aplanchao pelao.
  • No jodás, qué te pasó¿?
  • Parcerito, ando caliente en la rancha.
  • Problemas con tu padrastro otra vez¿?
  • Si fuera con ese man no más…
  • Entonces, con tu hermana otra vez¿?
  • Si fuera apenas con mi hermana…
  • Ay no jodás Chanclas, estás poniendo a sufrir a tu mamá¿?
  • Por eso ando aplanchao ñero, por hacer bonito hice feo.
  • Contá que me tenés ya cabezón. Por qué fue el problema¿?
  • Parce, por el regalo del día de la madre.
  • Cómo así¿? No le gustó¿? O qué¿?
  • Sisas, le gustó, si vieras a la cuchita parce toda contenta, le regalé cien luquitas pa’ que se comprara lo que quisiera.
  • Y entonces¿? Sigo en las mismas, no jodás. Quién va a tener problemas por regalarle plata a la mamá. Ya era hora huevón.
  • Mi niño, a lo bien, la cucha se timbró y todo quizque porque yo lo único que le había dado eran problemas. Pero estaba juete parce, y yo todo orgulloso.
  • Marica¡! Qué es la joda entonces¿? Ya no estás orgulloso¿? Qué se compró tu mamá pues con la plata¿? Qué fue¿?
  • La vieja estaba antojada de una plancha de esas pa’l pelo, pero el muy marica que la atendió se dio cuenta de que los billetes estaban falsos.
  • Aaaaah¿? Le diste billetes falsos de regalo a tu mamá¿? Pero vos no sabías que estaban falsos¿?
  • Parce, lo que yo no sabía era que la iban a pillar, se veían muy bien hechos… Mejor toco pitos parce, me voy con mi arrugue a otro lado.
  • Pero vos sos una cosa jodida…

Y no atendió más a lo que le decía. Y no debí yo decirle más. Los reproches no tienen mucha utilidad en ocasiones como ésta, donde la forma en que creemos que funciona el mundo se nos estrella en la cara y nos hace revaluar variados aspectos de nuestras vidas.

A veces, con los recursos que tenemos, y un sentido común ni tan sentido, ni tan común, por hacer bonito hacemos feo.

Recuerdos en 8 Ruedas

Lunes, Marzo 16th, 2009

Pacho, más conocido como cinealoido, ha empezado una aventura simpática que me conmueve bastante. Desde hoy, en compañía de Carlos, hará un recorrido en camión por una ruta que incluye Cali, Bogotá, Cúcuta y Barranquilla como destinos, para terminar de nuevo en Medellín en la nave de Juan Camilo, un camionero de los de siempre. El recorrido está planteado para contar historias, emitir en vivo a ratos vía Internet y registrar su experiencia a diario.

8 Ruedas se llama el proyecto, y es realizado por el combo de nullun.

Hablo de conmoción en mi caso porque los camiones y la carretera siempre fueron referentes de muchas cosas para mí.  Mi papá, durante muchos años, se dedicó al transporte.  De pasajeros, de mercancías, de semovientes, de lo que fuera.  Algunas veces pude acompañarlo y probar la carretera. Otras veces simplemente se esperaba en casa su visita de un día por semana, porque la carretera nunca espera, la carretera siempre está lista para quien quiera entregarle su vida. Y él lo hacía, le entregaba su vida a la carretera.


Hace 7 años, un 15 de marzo, por medio de una llamada telefónica supimos que mi papá no volvería más a casa.  Un accidente en plena carretera hizo que en su último viaje entre los vivos no llegara al destino asignado.  Justo llegando a Caucasia, el pueblo donde nació, pudo silbar acaso su tango postrero; recuerdo que le gustaban los tangos.

Ahora que conozco el cuento de Pacho y su coincidencia con la fecha que cito no puedo evitar que los recuerdos se hagan más fuertes.  Recuerdos de unos pocos meses antes cuando pude hacer un recorrido similar al de Pacho, pero a la inversa y en otro plan.  El plan de viajar con mi papá teniendo yo 20 años. Mi primer y único viaje con mi papá en ese período que técnicamente llaman adultez.

De Medellín salimos con un cargamento de insumos para una panadería en Sincelejo, y otras cuantas cosas para Barranquilla, pasando por Cartagena. De Barranquilla, parando en Fundación para comernos un platano con queso, fuimos a Valledupar por mangos.  Pero a Valledupar también fuimos porque allí se haría la imagen mental que más resalta cuando recuerdo a mi papá: un par de hamacas colgadas debajo del camión parqueado en una estación de servicio, con la brisa del Valle, una botella de ron y un par de tabacos que amenizaban el silencio entre dos personas con la misma sangre pero con poco que contarse.  Recuerdos de empatía y vallenato. El ambiente impregnado de vallenato era la regla.

De Valledupar volvimos a Medellín tomando la carretera que pasa por Aguachica, llegando a Puerto Berrío para seguir hasta Barbosa Antioquia, donde Pacho espera ahora el inicio de su viaje, y donde, varados por un eje, hubo que esperar que una grúa nos remólcase para llegar al fin.  Ahora que hago el recuento me percato de que este viaje tampoco llegó su destino de una forma ortodoxa. Coincidencia, tal vez.  Jugarretas de memoria selectiva, puede ser.

Ese viaje, incluída la última docena de kilómetros a bordo de una grúa, es el símbolo de la poca o mucha cercanía que logré con Tanana, que así llamaban a mi papá en el ámbito camionero.  Ese viaje incluso, es el recuerdo más potente que tengo sobre mi vida y su vida juntos.

Así, la propuesta de 8 Ruedas es de esas cosas que uno ve y dice: Carajo¡! por qué no se me ocurrió antes¿?.  Y por eso me gusta tanto, por eso me ha movido fuerte.  Por eso, precisamente, me ha hecho volver sobre los recuerdos que guardo en algún lado donde a veces ni yo mismo logro verlos.

En mi caso, por obligación, debo seguir el camino de 8 Ruedas.

Las oportunidades las pintan calvas

Jueves, Abril 17th, 2008

“Suerte es que le digo”, fue la frase que me lanzó el chanclas al despedirse hoy. Parecía inusualmente afanado. Siempre lo vi como una persona que espera, más que una persona que se dirija a algún lugar. Esta vez era diferente. Yo esperaba a un amigo sentado frente al parque, y él caminaba con celeridad, pero siempre, con su nobleza casi infantil, tiene un minuto para hablar con vos:

  • Don Chanclas, un gusto en verlo.
  • Ah, quiubo pues negro.
  • Vas de afán o qué¿?
  • Maomenos parce, te acordás de El Tamaludo¿?
  • El gordo calvo que vivía en la esquina¿?
  • Sisas, ese. Me llamó ahora ñerito. Que hijueputa susto mi niño cuando ese man me dijo que era El Tamaludo. Todos los del parche creen que a ese man lo pegaron los del hueco.
  • No jodás, yo no lo volví a ver, pero sabés que trato de mantenerme lejos de esas vueltas.
  • Sisas, yo sé, pero píllese socito que ese man no es cadáver ni nada. Me contó que anda parao camellándola en Chamozuela.
  • Ah sí¿? y haciendo qué¿?
  • Ni puta idea parcerín, me tiene cabezón ese man, me dijo que nos pilláramos por la tarde, que tenía una vuelta pa’ pintarme.
  • Vuelta¿? Mucho cuidado hermano…
  • … relájese bacán, que usted sabe como es ques. Yo mejor me piso…

Y se pisó. O mejor, siguió su rumbo. Deseome suerte, y yo a él.

Ahora siento curiosidad sobre esa cita. Curiosidad por la decisiones que tiene que tomar a diario para mantenerse en su ley. Porque El Chanclas, a pesar de haber tenido en frente todas las ofertas posibles para ser un delincuente más, nunca ha pasado de ser un hijo de barrio a la espera de oportunidades. Según él, yo sé “como es ques”. Pero uno nunca sabe como será.

Hoy, que parecía ir al encuentro de una oportunidad de esas que suelen ponerse en su camino, me dejó con la duda palpitando, a la espera de que me lo vuelva a encontrar.

El Chanclas

Viernes, Marzo 28th, 2008

Salí temprano en la mañana hacia la tienda a comprar un paquete de arepas y me lo encontré de nuevo, ya menos “azarao“. Nos pusimos a charlar y, entre otras cosas, me contó que le decían “El chanclas” por una novela*.

  • … pille mi niño, es que cuando yo estaba más pollo, parchaba todo el tiempo con el monín, y la chapa de ese man era Luz Clarita, como una nenita de una novela mexicana
  • Entonces de ahí te ganaste el apodo…
  • Sisas, además porque yo andaba descalzo por todo lao, y la cucha salía siempre a balconiar y me gritaba que dejara de ser gamín, que me sollara siquiera unas chanclas, y pues los parceros tiraban caja con eso
  • Y todavía te gusta andar descalzo por lo que veo.
  • A lo bien, es que es lo más chimba. Yo que me voy a parchar unos pisos pa’ venir a fumame el mañanero, más relajao así.
  • Bueno, tal vez unos zapatos no, pero unas chanclas, ve que el suelo está lleno de vainas…
  • Aaaah, vea pues, se va a poner a cantaletiar como la cucha, mejor lleve las arepas ñero, pille a su mamá pistiándolo por la ventana.
  • (risas) Fresco, es por montártela hombre. Te dejo pues, ahí seguiremos hablando.
  • Listo negro, suerte que todo es bien.

Dando la espalda vuelvo a mi casa, sabiendo que atrás acabo de dejar a un personaje lleno de historias de todos los colores. Después de un rato, y sin mucho pensarlo, he decidido hacerle un espacio permanente en mi blog. Así es que, de hoy en más, las conversaciones con El Chanclas estarán en la categoría Diálocos (sí, con c y no con g).

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* El Chanclas era el nombre del personaje que acompañaba siempre a Luz Clarita en la novela homónima. Podés ver el video en YouTube donde aparecen Luz Clarita y El Chanclas

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