Fábrica de Cosas

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Bienvenido Siempre


Las oportunidades las pintan calvas

“Suerte es que le digo”, fue la frase que me lanzó el chanclas al despedirse hoy. Parecía inusualmente afanado. Siempre lo vi como una persona que espera, más que una persona que se dirija a algún lugar. Esta vez era diferente. Yo esperaba a un amigo sentado frente al parque, y él caminaba con celeridad, pero siempre, con su nobleza casi infantil, tiene un minuto para hablar con vos:

  • Don Chanclas, un gusto en verlo.
  • Ah, quiubo pues negro.
  • Vas de afán o qué¿?
  • Maomenos parce, te acordás de El Tamaludo¿?
  • El gordo calvo que vivía en la esquina¿?
  • Sisas, ese. Me llamó ahora ñerito. Que hijueputa susto mi niño cuando ese man me dijo que era El Tamaludo. Todos los del parche creen que a ese man lo pegaron los del hueco.
  • No jodás, yo no lo volví a ver, pero sabés que trato de mantenerme lejos de esas vueltas.
  • Sisas, yo sé, pero píllese socito que ese man no es cadáver ni nada. Me contó que anda parao camellándola en Chamozuela.
  • Ah sí¿? y haciendo qué¿?
  • Ni puta idea parcerín, me tiene cabezón ese man, me dijo que nos pilláramos por la tarde, que tenía una vuelta pa’ pintarme.
  • Vuelta¿? Mucho cuidado hermano…
  • … relájese bacán, que usted sabe como es ques. Yo mejor me piso…

Y se pisó. O mejor, siguió su rumbo. Deseome suerte, y yo a él.

Ahora siento curiosidad sobre esa cita. Curiosidad por la decisiones que tiene que tomar a diario para mantenerse en su ley. Porque El Chanclas, a pesar de haber tenido en frente todas las ofertas posibles para ser un delincuente más, nunca ha pasado de ser un hijo de barrio a la espera de oportunidades. Según él, yo sé “como es ques”. Pero uno nunca sabe como será.

Hoy, que parecía ir al encuentro de una oportunidad de esas que suelen ponerse en su camino, me dejó con la duda palpitando, a la espera de que me lo vuelva a encontrar.

El Chanclas

Salí temprano en la mañana hacia la tienda a comprar un paquete de arepas y me lo encontré de nuevo, ya menos “azarao“. Nos pusimos a charlar y, entre otras cosas, me contó que le decían “El chanclas” por una novela*.

  • … pille mi niño, es que cuando yo estaba más pollo, parchaba todo el tiempo con el monín, y la chapa de ese man era Luz Clarita, como una nenita de una novela mexicana
  • Entonces de ahí te ganaste el apodo…
  • Sisas, además porque yo andaba descalzo por todo lao, y la cucha salía siempre a balconiar y me gritaba que dejara de ser gamín, que me sollara siquiera unas chanclas, y pues los parceros tiraban caja con eso
  • Y todavía te gusta andar descalzo por lo que veo.
  • A lo bien, es que es lo más chimba. Yo que me voy a parchar unos pisos pa’ venir a fumame el mañanero, más relajao así.
  • Bueno, tal vez unos zapatos no, pero unas chanclas, ve que el suelo está lleno de vainas…
  • Aaaah, vea pues, se va a poner a cantaletiar como la cucha, mejor lleve las arepas ñero, pille a su mamá pistiándolo por la ventana.
  • (risas) Fresco, es por montártela hombre. Te dejo pues, ahí seguiremos hablando.
  • Listo negro, suerte que todo es bien.

Dando la espalda vuelvo a mi casa, sabiendo que atrás acabo de dejar a un personaje lleno de historias de todos los colores. Después de un rato, y sin mucho pensarlo, he decidido hacerle un espacio permanente en mi blog. Así es que, de hoy en más, las conversaciones con El Chanclas estarán en la categoría Diálocos (sí, con c y no con g).

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* El Chanclas era el nombre del personaje que acompañaba siempre a Luz Clarita en la novela homónima. Podés ver el video en YouTube donde aparecen Luz Clarita y El Chanclas

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