Por hacer bonito hice feo

Entre cada conversación con El Chanclas pasa un tiempo en el que casi olvido lo que traen oculto los sonidos de la calle. Él me hace recordar siempre ese mundo que es más real que la realidad que nos venden en TV.

Una noche cercana, mientras caminaba circunspecto, vi su silueta al fondo de la cuadra y acudí­ a su encuentro:

  • Mister Chanclas, juguar yu.
  • Negrito de mis amores, medio aplanchao pelao.
  • No jodás, qué te pasó¿?
  • Parcerito, ando caliente en la rancha.
  • Problemas con tu padrastro otra vez¿?
  • Si fuera con ese man no más…
  • Entonces, con tu hermana otra vez¿?
  • Si fuera apenas con mi hermana…
  • Ay no jodás Chanclas, estás poniendo a sufrir a tu mamá¿?
  • Por eso ando aplanchao ñero, por hacer bonito hice feo.
  • Contá que me tenés ya cabezón. Por qué fue el problema¿?
  • Parce, por el regalo del dí­a de la madre.
  • Cómo así­¿? No le gustó¿? O qué¿?
  • Sisas, le gustó, si vieras a la cuchita parce toda contenta, le regalé cien luquitas pa’ que se comprara lo que quisiera.
  • Y entonces¿? Sigo en las mismas, no jodás. Quién va a tener problemas por regalarle plata a la mamá. Ya era hora huevón.
  • Mi niño, a lo bien, la cucha se timbró y todo quizque porque yo lo único que le habí­a dado eran problemas. Pero estaba juete parce, y yo todo orgulloso.
  • Marica¡! Qué es la joda entonces¿? Ya no estás orgulloso¿? Qué se compró tu mamá pues con la plata¿? Qué fue¿?
  • La vieja estaba antojada de una plancha de esas pa’l pelo, pero el muy marica que la atendió se dio cuenta de que los billetes estaban falsos.
  • Aaaaah¿? Le diste billetes falsos de regalo a tu mamá¿? Pero vos no sabí­as que estaban falsos¿?
  • Parce, lo que yo no sabí­a era que la iban a pillar, se veí­an muy bien hechos… Mejor toco pitos parce, me voy con mi arrugue a otro lado.
  • Pero vos sos una cosa jodida…

Y no atendió más a lo que le decí­a. Y no debí­ yo decirle más. Los reproches no tienen mucha utilidad en ocasiones como ésta, donde la forma en que creemos que funciona el mundo se nos estrella en la cara y nos hace revaluar variados aspectos de nuestras vidas.

A veces, con los recursos que tenemos, y un sentido común ni tan sentido, ni tan común, por hacer bonito hacemos feo.

Las oportunidades las pintan calvas

«Suerte es que le digo», fue la frase que me lanzó el chanclas al despedirse hoy. Parecí­a inusualmente afanado. Siempre lo vi como una persona que espera, más que una persona que se dirija a algún lugar. Esta vez era diferente. Yo esperaba a un amigo sentado frente al parque, y él caminaba con celeridad, pero siempre, con su nobleza casi infantil, tiene un minuto para hablar con vos:

  • Don Chanclas, un gusto en verlo.
  • Ah, quiubo pues negro.
  • Vas de afán o qué¿?
  • Maomenos parce, te acordás de El Tamaludo¿?
  • El gordo calvo que viví­a en la esquina¿?
  • Sisas, ese. Me llamó ahora ñerito. Que hijueputa susto mi niño cuando ese man me dijo que era El Tamaludo. Todos los del parche creen que a ese man lo pegaron los del hueco.
  • No jodás, yo no lo volví­ a ver, pero sabés que trato de mantenerme lejos de esas vueltas.
  • Sisas, yo sé, pero pí­llese socito que ese man no es cadáver ni nada. Me contó que anda parao camellándola en Chamozuela.
  • Ah sí­¿? y haciendo qué¿?
  • Ni puta idea parcerí­n, me tiene cabezón ese man, me dijo que nos pilláramos por la tarde, que tení­a una vuelta pa’ pintarme.
  • Vuelta¿? Mucho cuidado hermano…
  • … relájese bacán, que usted sabe como es ques. Yo mejor me piso…

Y se pisó. O mejor, siguió su rumbo. Deseome suerte, y yo a él.

Ahora siento curiosidad sobre esa cita. Curiosidad por la decisiones que tiene que tomar a diario para mantenerse en su ley. Porque El Chanclas, a pesar de haber tenido en frente todas las ofertas posibles para ser un delincuente más, nunca ha pasado de ser un hijo de barrio a la espera de oportunidades. Según él, yo sé «como es ques». Pero uno nunca sabe como será.

Hoy, que parecí­a ir al encuentro de una oportunidad de esas que suelen ponerse en su camino, me dejó con la duda palpitando, a la espera de que me lo vuelva a encontrar.

El Chanclas

Salí­ temprano en la mañana hacia la tienda a comprar un paquete de arepas y me lo encontré de nuevo, ya menos «azarao«. Nos pusimos a charlar y, entre otras cosas, me contó que le decí­an «El chanclas» por una novela*.

  • … pille mi niño, es que cuando yo estaba más pollo, parchaba todo el tiempo con el moní­n, y la chapa de ese man era Luz Clarita, como una nenita de una novela mexicana
  • Entonces de ahí­ te ganaste el apodo…
  • Sisas, además porque yo andaba descalzo por todo lao, y la cucha salí­a siempre a balconiar y me gritaba que dejara de ser gamí­n, que me sollara siquiera unas chanclas, y pues los parceros tiraban caja con eso
  • Y todaví­a te gusta andar descalzo por lo que veo.
  • A lo bien, es que es lo más chimba. Yo que me voy a parchar unos pisos pa’ venir a fumame el mañanero, más relajao así­.
  • Bueno, tal vez unos zapatos no, pero unas chanclas, ve que el suelo está lleno de vainas…
  • Aaaah, vea pues, se va a poner a cantaletiar como la cucha, mejor lleve las arepas ñero, pille a su mamá pistiándolo por la ventana.
  • (risas) Fresco, es por montártela hombre. Te dejo pues, ahí­ seguiremos hablando.
  • Listo negro, suerte que todo es bien.

Dando la espalda vuelvo a mi casa, sabiendo que atrás acabo de dejar a un personaje lleno de historias de todos los colores. Después de un rato, y sin mucho pensarlo, he decidido hacerle un espacio permanente en mi blog. Así­ es que, de hoy en más, las conversaciones con El Chanclas estarán en la categorí­a Diálocos (sí­, con c y no con g).

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* El Chanclas era el nombre del personaje que acompañaba siempre a Luz Clarita en la novela homónima. Podés ver el video en YouTube donde aparecen Luz Clarita y El Chanclas