Carta abierta de un nuevo admirador de Matthew McConaughey a Leonardo DiCaprio

Querido Leo:

Con angustia veo la angustia en la cara de tus personajes en los mosaicos de fotos que circulan estos días en Internet pidiendo un premio para vos por tu actuación en El lobo de Wall Street. Leo entrevistas recientes donde te mostrás sin mucho interés por el resultado de la premiación y dejás esa labor de aclamar por la huidiza estatuilla a la larga cola de fanáticos que te has asegurado en tu vida artística. No hay de otra, Leo, te digo. Tocará seguir esperando.

Al menos, así parece cuando tenés como contrincante a un tipo que le dio la vuelta al prejuicio y se ha ganado su espacio compitiendo contra sí mismo. Ahí lo tenés al frente al texano, Matthew Mcconaughey. El mismo de las comedias románticas que pocos tomaban con seriedad. El mismo que debió someterse a una dieta en la que perdió más de 20 kilos de peso para adaptar su apariencia al reto actoral. Ese texano que después de 20 años de carrera cargando el estigma del sex-symbol se roba las notas de los críticos y la empatía de los espectadores. Aunque su película tenga una décima parte del público que ha tenido la tuya, me atrevo a decir que no te alcanza para ganarle, Leo.

Pero ya sabés de eso. Te tocó vivirlo en la categoría de Actor de reparto con Tommy Lee Jones cuando tenías veinte años y empezabas a hacerte un nombre. Luego, más hecho, Jamie Fox y Forest Whitaker ganaron por encima de tus actuaciones en El aviador y Diamante de sangre. Ahora, cuando también estás incluido en la nominación a Mejor Película, como Productor Ejecutivo, creo que te tocará echar mano de tu mejor gesto para aceptar una nueva derrota. Igual te queda el triunfo sobre Matthew en la carrera por interpretar a Jack en Titanic, esa película que conservará por años un sitio alto en el ránking de lo más visto del cine. Vos que compartiste con él un par de escenas en El lobo de Wall Street, viste como logra que uno lo recuerde con una aparición en pantalla que no sobrepasa los cinco minutos. Algo se trae este nuevo McConaughey, tenés que reconocerlo.

Un detalle que hace aún más improbable tu triunfo, Leo, en esta edición de los Oscar, es la diferencia entre los personajes que encarnan vos y Mcconaughey. El tuyo, Jordan Belfort, un corredor de bolsa avaricioso, estafador, drogadicto sin reparo ni redención; el de Matthew, Ron Woodroof, un vaquero-electricista-homofóbico redimido después de ser diagnosticado con SIDA en los ochentas y de haber emprendido una lucha por sobrevivir y acompañar a otros en la supervivencia . La Academia que entrega los premios ha mostrado especial debilidad por personajes como el segundo, Leo. Ahí tenés otra desventaja.

Dicen otros que el camino al Oscar en la época de premios va dejando pistas de quien se llevará las estatuillas. Los Globos de Oro suelen dar ganadores a quienes pierden luego en los Premios de la Academia, pero en este caso no está tan claro. Si bien te premiaron por tu Jordan Belfort como mejor actor en una comedia o musical, a McConaughey también lo premiaron en la categoría Drama. ¿Qué pesará más en Hollywood? Varias cosas me invitan a pensar que el Globo de Oro tendrá que ser tu consuelo.

Esta de para arriba. Mientras a vos te hemos visto hacer grandes papeles en las historias de Scorsese y otros directores de la élite, al texano le ha tocado más duro. Desde su papel en el Dazed & Confused de Richard Linklater en 1993, donde le tocó dejarse crecer el pelo y el bigote, ha pasado por elecciones artísticas que le han traído más taquilla que reconocimientos. Sin embargo, Leo, nos tiene a todos con la boca abierta viendo sus avances y el camino que ha tomado. Justo en la noche del 2 de marzo cuando tengan lugar los premios, se emitirá otro capítulo de la serie televisiva True Detective, donde nos está cautivando con su interpretación de Rustin Cohle, otro oscuro personaje que deja ver su potencial para el suspenso.

Seguirán rodando, Leo, imágenes y mensajes que piden un Oscar para tu repisa. Seguirán los fanáticos hablando de injusticias y merecimientos, Leo. Pero vos mismo, si fuiste al cine a ver Dallas Buyers Club, reconocerás que hay un camino que McConaughey ha recorrido que lo ha llevado a buen puerto. Ese puerto en el que se detiene, deja perder su mirada en el desierto mientras mueve su bigote de vaquero, mientras que el prejuicioso que no reconocía su talento tendrá que verlo recibir su estatuilla por una de las actuaciones más oscuras que he podido ver en los últimos años. Espero que vos también la hayás visto, Leo, para que no te dé muy duro perder.

Sincerely yours,

Jorge Eliecer Montoya-Gallego

Los vientos del viaje

Nunca antes una pelí­cula colombiana me habí­a generado tal expectativa.  Desde que vi el trailer oficial que nos mostraron como sorpresa en una proyección en el Teatro Lido hace un par de meses, estuve esperando el estreno de Los Viajes del Viento.  Al fin, cuando llegó el dí­a, pude comprobar que no era gratuita la espera. He visto el largometraje y puedo decir que me he quedado atrapado en los vientos de este viaje.

La referencia al viento, manifiesta en el tratamiento que requiere el sonido para un producto de este tipo, es permanente a lo largo del filme. Zumba y revuelca las ideas, la razón misma y, cosa natural, la sensibilidad. La arena del desierto, las plantas del cultivo, los mitos de la sierra, las notas de un lamento vallenato, todos viajan en el viento.  Todos zumban sin descanso acompañando el recorrido, y para tener el mejor registro de tal movimiento, el equipo que ha creado esta obra se habrá tenido que entregar al sueño de estampar aquí¬ su huella.

Hace poco se me despertó el afán de hacer cine, de trabajar en cine, de pasar de sólo ver pelí­culas a hacer más.  Gracias a que entre mis amigos hay un montón de locos que creen en el sueño audiovisual, cada vez lo veo más cerca. Un par de proyectos de esos que se mueven en lo inthependiente, y la ilusión de estar escribiendo mi primer guión para un largometraje, hacen que la experiencia de ver esta segunda pelí­cula de Ciro Guerra me llene de esperanza y me recargue las pilas; con el viento mismo, y con mis sueños de brújula, me invitan a seguir viajando.

Hablo de lo que debe significar estar un perí­odo de tiempo recorriendo terrenos cargados de esa realidad que creemos que le pertenece a la magia, al mito. Hablo de recorrer estos terrenos soportando el clima del dí­a con una carga de equipos al hombro y todas las expectativas en la cabeza y en cartas de intención.  Hablo de lo que debe significar ver un producto de tal calidad terminado y hablándole al mundo con toda honestidad, sin lentejuelas ni canutillos. Historia, paisajes, lenguas, personajes y demás, como los que se exponen aquí¬, no se ven todos los dí­as en nuestro entorno; o mejor, no las vemos en el cine, pero a diario nos las cuenta el viento mismo.

Creo que será esta una pelí­cula para odios y amores profundos. Como espectador te pide echar mano del potencial espí­ritu contemplativo que hay en todos nosotros; quien vaya en busca del rollo con chiste fácil o traquetos y tetas infladas, puede quedar decepcionado; pero si sos capaz de abrir los ojos y el resto del ser para quedar un rato a la merced del viento, el viaje te llevará de visita por lugares que parecieran salidos de otro mundo, pero no, todos y cada uno son Colombia y sus olvidos.

Por esto, mi revuelta sensibilidad y yo, recomendamos ver Los viajes del viento