María Antonia es un encanto

Tiene seis años, y cuando la conocí­, me dijo que ella se tení­a mucha confianza para relacionarse con nuevas personas. Parece una señora grande. También me dijo que no le daba miedo subirse a un escenario porque estaba acostumbrada. Desde los dos años asiste a clases de ballet, y ahora está aprendiendo a tocar el piano. Cuando estuve en su casa, me mostró algo de lo que ha aprendido.

Extracurricular

Uno puede dejar de ver a la gente por mucho tiempo, pero si están marcados como una parte de lo que sos, al producirse un encuentro fortuito, de forma instantánea, volvés sobre tus pasos y te ubicás fácilmente en ese contexto que creí­as lejano. Eso me pasó:

  • Mostro¡!
  • Doctor Chanclas Eufrasio, gustoso siempre de verle. Cómo van sus rollos¿?
  • Bien parcero, todo bien. Pero venga, bacano pillarlo, le tengo un bisnes.
  • Ah sí­¿? Tanto tiempo y te vuelvo a ver y tenés una propuesta para mí­¿?
  • Sisas ñero, venga, a usté que le gustan los computadores y eso, tengo unos pa’ la venta.
  • Estás vendiendo computadores ahora¿? Dónde estás camellando¿?
  • Nada parce, estoy camellando en vigilancia en la Universidá.
  • Y lo de los computadores¿?
  • Eso es como dicen negrito, estracurricular.
  • Extracurricular¿? Cómo es eso hombre¿?
  • Parcero, pues qué le digo¿? Toca completar. Usté sabe que la quincena no alcanza, y pues ahí­ me doy las mañas pa’ levantarme cositas pa’ vender.
  • Levantarse de dónde¿? Explicame.
  • Usté sabe que entre menos se sabe más se vive, pero bueno. Parce, pues por la porterí­a pasan muchas maquinitas de esas todas cucas, y pues hay mucho pelao que da papaya, entonces toca partirla.
  • Huy no mano, eso como que no me suena. Yo con esas vainas no voy. Te estás robando computadores en la U¿?
  • Aaah, deje el azare parce, que todo es bien. También le tengo un vidiobim.
  • Mmm.
  • Bonito, está como nuevo, ya le quité la calcamoní­a esa con el escudo, quedo al pelo.
  • Mmm, y cuánto vale¿?
  • Ah no sé parce. Cómo cuánto vale una cosa de esas¿?
  • Mmm, no no no, mejor no caigo en la tentación, dejemos así­. Otro dí­a hablamos.
  • Pero venga, deje el azare…

Y emprendí­ la huida. Regresar no siempre implica quedarse de nuevo. Regresar a un contexto pasado puede servir algunas veces para reafirmar convicciones; para enterarte de que el camino que llevás, aún sin ser en definitiva el mejor, o el peor, es el tuyo propio.

Baterimba y su bomba del ritmo

Cuando conocí­ a Carlos Fernando Balanta, Polo, como le dicen sus amigos, Baterimba como es reconocido por su música, me llené de una energí­a vital muy bonita que no habí­a sentido en mucho tiempo con ser humano alguno.

Polo es una persona convencida de su pasión, de lo que es y de lo que quiere. Entrega toda su fuerza a su música y mantiene su mente y corazón en Santander de Quilichao, el pueblo de donde sale a cada tanto para llevar su sonido a aquellos oí­dos prestos a dejarse llevar por su espectáculo de percusión.

Una parte de su actuación en el escenario es este mensaje de paz, donde claramente, y acompañado de su ritmo, nos muestra cuál deberí­a ser la única bomba que explote en Colombia y el mundo.

Baterimba es honestidad, ganas de vivir, amor y fe; como él dice, ya lo creo, Baterimba somos todos.

AgenciaPinocho.com, el diario de lo que no es noticia

En abril, después de seguir unos meses el proyecto de David y Juan Miguel, les escribí­ contándoles de mi interés en participar en ese equipo de trabajo y aportar en algo a lo que se traí­an entre manos. Ellos, con la cordialidad y el entusiasmo que los acompaña, acogieron mi propuesta y me invitaron a pensar en una nueva casa para ese Pinocho que se habí­a convertido en su dí­a a dí­a.

Ya la casa está construida. Al menos los cimientos y las paredes. De ahora en más nos ocuparemos en detalles, como enchapar los baños, estucar paredes, poner unas cuantas molduras y hacer que los usuarios puedan transitar con toda la comodidad.

Les queda para visitar y estrenar: AgenciaPinocho.com, El diario de lo que no es noticia.

Otro asolapao más

* Asolapao: dí­cese del que tira la piedra y esconde la mano.

Cuando me dí­ cuenta de la Marcha más pací­fica de la historia, y me aclararon que se trataba de una manifestación a favor de la marihuana, me apunté, sin más.

El 2 de mayo a las 2:37 p.m. era la cita. Justo cuando iba camino al Metro, dando la vuelta a un par de yarumos que hay en la esquina de la tienda de doña Maruja, me topé con mi buen compañero de otras luchas de hace tiempo:

  • Ututuy, mi negrito, muy bonito se le ve.
  • Jaja, Chanclas, Chancliviris, vas para la marcha¿?
  • Marcha¿? No sé de que putas estás hablando. Marcha de qué o qué¿?
  • Marcha mundial de la marihuana, no te enteraste nunca¿?
  • Nada mi niño, no habí­a escuchado de esa mierda, y eso qué, o qué¿?
  • Pues mano, es como una concentración. Caemos un montón de peludos a fumar moño y a gritar como descosidos por lo que consideramos derechos; la libertad de expresión, de desarrollo de la personalidad, a promover la legalización, el autocultivo y esas cosas… vos sabés.
  • Nada, no sé parcero. Pero que caspa, yo no me voy a chupar agua, esa chimbada de las marchas no sirve pa’ forro. Y además eso va a estar lleno de tombos.
  • Pues como acto simbólico sirve, creo yo que dice mucho. Y por los tombos no hay que preocuparse, ellos van como edecanes.
  • Ja, parchao. Pero, seguimos de sanos parcerito. Cuántas personas van a esa mierda¿? Yo no creo que muchas. Esta tierrita mi niño es de puro asolapao, la gente no se va a dar boleta así­ como así­, fumando bareta en la calle con un combo grande peludos y gritando que son marihuaneros… no, eso no pasa. Jaja, a menos que sea después de una farra. Y además, eso como que no me trama. yo no sé marchar sino a la plaza parcero, pa’ allá voy.
  • Hombre, pues yo te invito si querés a que nos vamos a la marcha y comprobemos qué tal va.
  • Nooo panita, no hay como. No tengo pasajes.
  • Y para dónde vas ahora pues¿?
  • Jaja, pa’ la plaza parcero, a mercarme unos bareticos que hoy hay fiestón donde el mocho. Vas a caer¿?
  • No creo, pero gracias. Yo me marcho a la marcha.
  • Ay muñeco, cada quien pierde el tiempo como quiere.
  • Después te muestro. La gente cae a tomar fotos, a hacer videos y otras vainas que suben luego a Internet.
  • No me crean tan güevón, y entonces a la gente le parcha boletiarse y marcarse como objetivo militar ellos solitos¿? Qué paila mi niño. Conmigo no cuente. Yo marcho en lo mí­o, vos estás muy casposito con eso.
  • Pues qué te digo, seguí­ mejor.
  • Ya le dije parce, esta tierrita está llena de asolapaos, y yo soy otro más. Suerte es que le digo.

Con su deseo de suerte busqué mi destino del dí­a.  Marché, grité, aplaudí­, fumé, pensé como siempre en el punto de vista de El Chanclas.

Comprendí­ en una esquina lo que me dijo mi amigo cuando un señor se me acercó a preguntarme de que se trataba el alboroto de esos 800 peludos calculados a ojí­metro. Al resolver su duda el señor me observó de arriba a abajo con gesto de desaprobación, se sacudió y volteó para seguir su camino, sin pensar si quiera que sus ojos y su cara evidenciaban el paso de los humos y le dejaban entre el bulto de nuestra sociedad de bellas personas que tiran la piedra y esconden la mano, incluso, llegando al punto de señalar a quien esté a su lado, aunque sólo pasaba por ahí­.

La marcha sigue. Se quiere hacer comunidad.

A los goles que no hice

A los goles que no hice les extraño los domingos. Suelo estar enfrente de la televisión buscando ver a quiénes sí­ han tenido la fortuna de entrar en el mercado infame que es hoy el fútbol. Yo tení­a de niño la ilusión de ser jugador profesional. Lo soñaba cada tanto, o me estrellaba otras veces. Quise llegar a ser profesional del fútbol pero no lo logré.

Jugar al fútbol sigue siendo un placer, pero cuando querés hacerlo a nivel profesional, la cosa cambia. El nivel de exigencia es alto. Si a los 15 o 16 años no has alcanzado cierto reconocimiento a nivel competitivo en tu entorno, podés asegurar que el salto no se va a dar. Yo lo supe a los 14 y fue por cuestión de talento. Siempre he tenido nivel para un partido de cuadra, de esos con piedras como arcos y apuesta de un litro de refresco, pero para vivir de eso, honestamente, no habí­a lo suficiente, y por eso opté por la alternativa de jugar a la dirigencia.

A los 15, ya seguro de que mi futuro serí­an los partidos de casados contra solteros que organizan en el barrio, me dí­ a la tarea de vivir del fútbol desde otra posición. Durante unos seis años trabajé en el fútbol infantil de Bello, mi ciudad. Alcancé a hacer de todo. Fui director y asistente técnico, obré de árbitro algunas veces, participé en la organización de torneos con más de 500 inscritos, marqué canchas, puse mallas, convoqué desfiles, confeccioné uniformes, hice carnets y otras tantas cosas que me enseñaron otras más. Durante unos seis años intenté convencerme de que el fútbol aún era mi lugar. Pero seguí­a añorando los goles que no hice.

Además de las tareas asociadas a mi trabajo, siempre querí­a jugar cuanto pudiera. Querí­a demostrarme que esos goles que no hice a nivel profesional no habí­an llegado por falta de energí­a. Siempre he sido de los que quieren dejarlo todo en la cancha. A veces, incluso, pasado de revoluciones, aparecí­ frente a amigos o compañeros de ocasión en el juego, como un afiebrado inaguantable. Siempre he tratado de ir a por la última opción, y cuando juegas en una cancha espontánea, de esas cuyos lí­mites no existen o se funden con un matorral, puede resultar hasta peligroso.

Hoy, que leí­a a Juan David que escribe sobre el fútbol en su vecindad, ha vuelto a mí­ la imagen de esos goles que no hice. Uno de chilena con total plasticidad, otro salido de una seguidilla de pases que emocionaran a la afición, alguno de cabezazo potente al piso, tal como me enseñaron y el de taco, que en las canchas de futbolito y con mis compañeros de juego, se habí­a convertido en fórmula.

Ya van seis años largos desde que me alejé de ese trabajo anterior. Ahora los partidos dominicales con amigos son cada vez menos frecuentes. Ya ni Cande, ni Pipi, ni Orio, ni el mono, ni el sapo, ni otros de antes, están disponibles para un simple pateo de fin de semana. Claro está, tampoco llegué a ser profesional aunque lo quise con todo mi entusiasmo.

Ahora, a los goles que no hice los llevo entre mis recuerdos de cosas que nunca fueron y que son la base diaria de mi motivación personal.

Salió tenedor

Me debí­a la respuesta a una pregunta que aún no le habí­a hecho y por eso esperaba topármelo pronto. «Cómo vas a llamar a tu hijo¿?», pensaba preguntarle apenas lo viera. Sin embargo, de forma inexplicable, estando yo sentado en una banca del parque, me abordó intempestivamente y me encontré con que él también conocí­a la deuda:

  • Negrí­simo Kid, pille pues…
  • Hombre Chanclas, que sorpresa hermano…
  • Todo es bien parcero, pero oiga pues, a ver como le suena esto: ¡Maicol Francisco!
  • Y eso¿?
  • El nombre del chino parcerin, ya le tenemos nombre, va a ser un mancito.
  • Ah, !qué bien¡, ya le hicieron una ecografí­a a Yurany¿?
  • Nada gí¼evón, salió tenedor.
  • Cómo así­¿? no te entiendo.
  • Aaah, usté es muy sano parcerito.  Pille pues que pa’ saber el seso del chino hacen quizque una vuelta ahí­ con una cuchara y un tenedor. Y como salió tenedor, pues va a tener antenita.
  • Sí­, recuerdo haber escuchado ese cuento alguna vez…
  • Sisas ñero, dizque no falla. La cucha y la Yurani se pusieron en esas. Pero no me comentó pues lo del nombre pana, como lo pilla¿?
  • De dónde salió ese nombre¿?
  • Ah, pues ahí­ lo negociamos. La polla querí­a ponerle el nombre del papá della, que dizque se llama igualitico quel abuelo…
  • Don Francisco…
  • Jesús Francisco pa’ ser esatos. Pero yo querí­a meter la mano ahí­ parcero, entonces le puse el Maicol, que tiene como más carater. Por eso quedó Maicol Francisco.  Chimba, sí­ o qué¿?
  • Pues si esa es tu elección y estás contento, no tengo mucho que decir al respecto.
  • Aaah, pero este negro si es vinagre homen. Mejor sigo parcero que voy de afán.
  • Hombre, pero…
Y me dejó justo como habí­a aparecido, repentinamente. Buscaba un instantáneo gesto de aprobación ante la elección que habí­a hecho, y yo no respondí­ como él esperaba cuando optó por compartirme su decisión. Me avergí¼enza ahora no haber comprendido esa búsqueda enredada en sus palabras. Apenas entendí­ que no todos los dí­as se escoge el nombre para un nuevo habitante de este mundo, y sobre todo, que deben ser especiales las ocasiones en que se nombra a un ser humano después del vaticinio logrado gracias a una pareja de cubiertos.

Las oportunidades las pintan calvas

«Suerte es que le digo», fue la frase que me lanzó el chanclas al despedirse hoy. Parecí­a inusualmente afanado. Siempre lo vi como una persona que espera, más que una persona que se dirija a algún lugar. Esta vez era diferente. Yo esperaba a un amigo sentado frente al parque, y él caminaba con celeridad, pero siempre, con su nobleza casi infantil, tiene un minuto para hablar con vos:

  • Don Chanclas, un gusto en verlo.
  • Ah, quiubo pues negro.
  • Vas de afán o qué¿?
  • Maomenos parce, te acordás de El Tamaludo¿?
  • El gordo calvo que viví­a en la esquina¿?
  • Sisas, ese. Me llamó ahora ñerito. Que hijueputa susto mi niño cuando ese man me dijo que era El Tamaludo. Todos los del parche creen que a ese man lo pegaron los del hueco.
  • No jodás, yo no lo volví­ a ver, pero sabés que trato de mantenerme lejos de esas vueltas.
  • Sisas, yo sé, pero pí­llese socito que ese man no es cadáver ni nada. Me contó que anda parao camellándola en Chamozuela.
  • Ah sí­¿? y haciendo qué¿?
  • Ni puta idea parcerí­n, me tiene cabezón ese man, me dijo que nos pilláramos por la tarde, que tení­a una vuelta pa’ pintarme.
  • Vuelta¿? Mucho cuidado hermano…
  • … relájese bacán, que usted sabe como es ques. Yo mejor me piso…

Y se pisó. O mejor, siguió su rumbo. Deseome suerte, y yo a él.

Ahora siento curiosidad sobre esa cita. Curiosidad por la decisiones que tiene que tomar a diario para mantenerse en su ley. Porque El Chanclas, a pesar de haber tenido en frente todas las ofertas posibles para ser un delincuente más, nunca ha pasado de ser un hijo de barrio a la espera de oportunidades. Según él, yo sé «como es ques». Pero uno nunca sabe como será.

Hoy, que parecí­a ir al encuentro de una oportunidad de esas que suelen ponerse en su camino, me dejó con la duda palpitando, a la espera de que me lo vuelva a encontrar.

El Chanclas

Salí­ temprano en la mañana hacia la tienda a comprar un paquete de arepas y me lo encontré de nuevo, ya menos «azarao«. Nos pusimos a charlar y, entre otras cosas, me contó que le decí­an «El chanclas» por una novela*.

  • … pille mi niño, es que cuando yo estaba más pollo, parchaba todo el tiempo con el moní­n, y la chapa de ese man era Luz Clarita, como una nenita de una novela mexicana
  • Entonces de ahí­ te ganaste el apodo…
  • Sisas, además porque yo andaba descalzo por todo lao, y la cucha salí­a siempre a balconiar y me gritaba que dejara de ser gamí­n, que me sollara siquiera unas chanclas, y pues los parceros tiraban caja con eso
  • Y todaví­a te gusta andar descalzo por lo que veo.
  • A lo bien, es que es lo más chimba. Yo que me voy a parchar unos pisos pa’ venir a fumame el mañanero, más relajao así­.
  • Bueno, tal vez unos zapatos no, pero unas chanclas, ve que el suelo está lleno de vainas…
  • Aaaah, vea pues, se va a poner a cantaletiar como la cucha, mejor lleve las arepas ñero, pille a su mamá pistiándolo por la ventana.
  • (risas) Fresco, es por montártela hombre. Te dejo pues, ahí­ seguiremos hablando.
  • Listo negro, suerte que todo es bien.

Dando la espalda vuelvo a mi casa, sabiendo que atrás acabo de dejar a un personaje lleno de historias de todos los colores. Después de un rato, y sin mucho pensarlo, he decidido hacerle un espacio permanente en mi blog. Así­ es que, de hoy en más, las conversaciones con El Chanclas estarán en la categorí­a Diálocos (sí­, con c y no con g).

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* El Chanclas era el nombre del personaje que acompañaba siempre a Luz Clarita en la novela homónima. Podés ver el video en YouTube donde aparecen Luz Clarita y El Chanclas