Hoy recibí la notificación que me indica que puedo regresar a la Universidad de Antioquia como estudiante activo después de pasar el examen de admisión, y tras cinco años de estar por fuera; cosa que me alegra y, sobre todo, me hace pensar en el camino recorrido y mi relación con la academia hasta ahora.

U de A – Biblioteca central by Omar Uran, on Flickr. CC – Atribución.
Éste será mi tercer ingreso a la U. de A. Antes pude estudiar un par de años de Contaduría y unos tres de Comunicación Social. Ambos programas inconclusos por una mezcla entre soberbia, adolescencia, apatía y malas decisiones de mi parte. Ahora que regreso para asumir la senda de las Ciencias Sociales y Humanas desde el programa de Antropología, me digo que la tercera es la vencida y que, si hice antes dos y tres años de otros programas, ahora puedo con los cuatro años que lleva el pénsum que estoy acogiendo.
No es momento aún para hacerme promesas y trazar planes megalómanos, aunque los tenga. Es el momento sí para asumir esa calma que tanto me recomienda mi buen amigo Pacho, y cuidar cada paso futuro.
El tiempo pasado en otras áreas del conocimiento siempre es tiempo invertido (que no perdido) en la construcción de un plan de vida que me ha dejado hasta ahora buenos amigos, la posibilidad de participar en proyectos bonitos, algunas experiencias retadoras y muchas dudas, ante todo. Hoy que reviso mi relación con la academia, entonces, podría decir como el Chapulín Colorado, aunque sea una mera salida oportunista, “todos mis movimientos fueron fríamente calculados”; pero no, reconozco errores y fallas de cálculo, reconozco mezquindad y ausencia de buen criterio en muchos momentos.
Hoy siento estar ubicado en un sitio especial. Con la Asociación de Periodistas de la Universidad de Antioquia, estoy participando en proyectos como Qué Pasa UdeA y una serie de talleres de Narrativas y herramientas digitales en la Comuna 13. Además, hago parte del equipo que soporta el nuevo blog de la Revista Universidad de Antioquia, La Vida Afuera. Estos vínculos, sin duda, deben ser el punto de partida para el fortalecimiento de mi relación de amor/odio profundo con las aulas.
Por eso volver a la Universidad, con la experiencia de cinco años de trabajo independiente y la convicción de que la academia es el lugar donde puedo seguir desarrollando mi plan de vida, es una oportunidad única. Volver a ese lugar donde conocí el amor, la amistad, el consenso y el disenso, significa hoy la confirmación de que los días venideros siempre pueden ser mejores.
Salud¡!