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“Levante los pies que lo trapeo, y si lo trapeo no se casa”, me decía mi abuela cuando estaba en su labor de limpieza y se topaba conmigo en frente de la televisión. Por estos días se habla en la ciudad y el país de otro tipo de “limpieza”, una infamia de las que cultivamos en mi terruño.
Foto de a•Andres en Flickr. Algunos derechos reservados
A esa supuesta limpieza propuesta a través de un cobarde panfleto le ha salido al paso algún compatriota con un bonito planteamiento que reversa las palabras que buscan infundir el terror para virar a una esperanza fundada tal vez en la terquedad como dice Juan, o quizás en la convicción de que cada quien con su actitud puede restarle legitimidad a los actos de quienes quieren intimidarnos.
Hay que salir, “no comer de nada” como diría El Chanclas. Hay que convencerse de que si seguimos dejando obrar al miedo, la vida se nos va a convertir en ese período donde hacemos lo que nos dejan hacer hasta que decida otro quitarnos las opciones, y no lo que queremos, cuando queremos y como nos plazca.
Levante los pies, váyase a la calle, camine, disfrute de su ciudad y no se deje meter miedo. Bonito mensaje. Mejor intención. Efectividad¿? Veremos, porque tristemente en mi país le creemos más a los voceros del mal.
Pillen pues:
“Llegó la hora de la limpieza social
AHORA LES TOCA EL TURNO A LAS ORGANIZACIONES QUE INTIMIDAN AL PUEBLO.
YA NO TENEMOS MIEDO
Para el pueblo en general, ustedes han notado una permanencia de la corrupción, las injusticias, la pobreza y la violencia, etc. , en los últimos tiempos. Debido a todo esto, nosotros, el pueblo, hemos tomado la irrevocable decisión de atacar la violencia con desobediencia civil.
Ya no van a contagiar de MIEDO a nadie más, solamente a los gusanos. Tienen las horas contadas todos los grupos que quieran implantar el terror. Han contagiado a mucha gente. Prepárense.
Todo el que se encuentre en los bares después de las 10:00 PM está de rumba. Esté más con sus amigos y salga a las calles sin temor.
Jóvenes, los queremos ver en las esquinas parchados, compartiendo ideas y sueños, esto es en serio. Esté más con sus padres, sus amigos, su novia, mascota, en la calle.
Vendedores de chicles, papitas, confites, se está creciendo el negocio de hasta vender minutos en las esquinas. Exijamos mejores oportunidades de trabajo. No más subempleo.
Intimidadores dejen trabajar a la sociedad, pilas que están pillados.
EL PUEBLO VIVE, USTED LO DECIDE. YA TENEMOS QUE DEZPLAZAR EL MIEDO Y EL TERROR.
El pueblo lo ha decidido así, esta desobediencia se necesita.
Ya empezamos, le pedimos a la sociedad que no sean inocentes, esto ES PARA SIEMPRE.
SEÑOR PADRE DE FAMILIA RELÁJESE CON SUS HIJOS, SALGA CON ELLOS A LAS CALLES, NO SE DEJEN INTIMIDAR.
Si usted encuentra esta hoja, sáquele varias copias y repártala a los amigos, vecinos o a un familiar suyo.
No podemos entregar esta hoja en cada casa, por eso pedimos su colaboración.”
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Pacho, más conocido como cinealoido, ha empezado una aventura simpática que me conmueve bastante. Desde hoy, en compañía de Carlos, hará un recorrido en camión por una ruta que incluye Cali, Bogotá, Cúcuta y Barranquilla como destinos, para terminar de nuevo en Medellín en la nave de Juan Camilo, un camionero de los de siempre. El recorrido está planteado para contar historias, emitir en vivo a ratos vía Internet y registrar su experiencia a diario.
8 Ruedas se llama el proyecto, y es realizado por el combo de nullun.
Hablo de conmoción en mi caso porque los camiones y la carretera siempre fueron referentes de muchas cosas para mí. Mi papá, durante muchos años, se dedicó al transporte. De pasajeros, de mercancías, de semovientes, de lo que fuera. Algunas veces pude acompañarlo y probar la carretera. Otras veces simplemente se esperaba en casa su visita de un día por semana, porque la carretera nunca espera, la carretera siempre está lista para quien quiera entregarle su vida. Y él lo hacía, le entregaba su vida a la carretera.
Hace 7 años, un 15 de marzo, por medio de una llamada telefónica supimos que mi papá no volvería más a casa. Un accidente en plena carretera hizo que en su último viaje entre los vivos no llegara al destino asignado. Justo llegando a Caucasia, el pueblo donde nació, pudo silbar acaso su tango postrero; recuerdo que le gustaban los tangos.
Ahora que conozco el cuento de Pacho y su coincidencia con la fecha que cito no puedo evitar que los recuerdos se hagan más fuertes. Recuerdos de unos pocos meses antes cuando pude hacer un recorrido similar al de Pacho, pero a la inversa y en otro plan. El plan de viajar con mi papá teniendo yo 20 años. Mi primer y único viaje con mi papá en ese período que técnicamente llaman adultez.
De Medellín salimos con un cargamento de insumos para una panadería en Sincelejo, y otras cuantas cosas para Barranquilla, pasando por Cartagena. De Barranquilla, parando en Fundación para comernos un platano con queso, fuimos a Valledupar por mangos. Pero a Valledupar también fuimos porque allí se haría la imagen mental que más resalta cuando recuerdo a mi papá: un par de hamacas colgadas debajo del camión parqueado en una estación de servicio, con la brisa del Valle, una botella de ron y un par de tabacos que amenizaban el silencio entre dos personas con la misma sangre pero con poco que contarse. Recuerdos de empatía y vallenato. El ambiente impregnado de vallenato era la regla.
De Valledupar volvimos a Medellín tomando la carretera que pasa por Aguachica, llegando a Puerto Berrío para seguir hasta Barbosa Antioquia, donde Pacho espera ahora el inicio de su viaje, y donde, varados por un eje, hubo que esperar que una grúa nos remólcase para llegar al fin. Ahora que hago el recuento me percato de que este viaje tampoco llegó su destino de una forma ortodoxa. Coincidencia, tal vez. Jugarretas de memoria selectiva, puede ser.
Ese viaje, incluída la última docena de kilómetros a bordo de una grúa, es el símbolo de la poca o mucha cercanía que logré con Tanana, que así llamaban a mi papá en el ámbito camionero. Ese viaje incluso, es el recuerdo más potente que tengo sobre mi vida y su vida juntos.
Así, la propuesta de 8 Ruedas es de esas cosas que uno ve y dice: Carajo¡! por qué no se me ocurrió antes¿?. Y por eso me gusta tanto, por eso me ha movido fuerte. Por eso, precisamente, me ha hecho volver sobre los recuerdos que guardo en algún lado donde a veces ni yo mismo logro verlos.
En mi caso, por obligación, debo seguir el camino de 8 Ruedas.
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Caminando se aprende la vida, canta Rubén Blades en los parlantes de la tienda de la esquina. Caminando viene hacia mí El Chanclas con unos papeles en la mano. Lo miro de lejos venir hacia donde estoy sentado y recuerdo ese último encuentro donde me confesó su falta de fe en la amistad. No le había dado vueltas al asunto, porque de las vueltas con El Chanclas no he sacado nada en claro.
- Muñeco e’ torta¡!
- Jeje, hombre Chanclas, en la buena.
- Pille parce, pa’ que se ponga avispa.
- Qué es eso hombre.
- Una advertencia parcerito, hay que ponerse avispa y no dar papaya. Están boletiando el parche.
- Como así guevón¿? Otra vez están espantando a la gente con eso de la limpieza social, y ahora quién es¿?.
- Está peluda la vaina parcerito. Esa rata de Don Mario quiere aprovechar que los gatos no están pa’ armar la fiesta ñero. Se está quedando con todas las plazas parce, no hay sino perico de Don Mario en este pueblo.
- Y vos por qué estás repartiendo esos volantes¿?
- Ah, el carepuño me pasó la liga pa’ que sacara unas copias y se las diera a los parceros. Ese man está cagado del miedo, no lo dejan vender sus cositas y no puede dar cara. El carepuño anda entapiñado en el rancho de abajo hace como dos semanas. El man dice que este cucho se viene en serio.
- Será¿? Porque de estos volantes han repartido muchas veces.
- Usté verá si cree o no parcerito, yo sólo cumplo con cantarle la vuelta.
- Vos sabés que me gusta estar ajeno a este tipo de cosas.
- Jajajajaja, pobre guevón. Usté se pasa de sano ñero, allá sí cree o no, pero lo mejor es no dar papaya. Si esta gente dice que no hay que salir después de las diez es mejor haceles caso. El otro día quiñaron al cantante, el que vendía periquito aquí a la vuelta.
- Pero el cantante no se metía con nadie hombre.
- Ah, no le digo pues. El man dio papaya. Ahora el que da papaya se lo van es lambiendo.
- Me dejás atónito. De modo que este pueblo no ha cambiado. Seguimos en la misma mierda de siempre. Todos le creen a los putos que nos quieren amedrentar.
- Jajajajaja, sano y hasta tierno que sos. No coma de nada pues. Pille que ni a los de Pachelly que dizque mandan esta mierda de pueblo los están dejando quietos. Por ahí dicen que están haciendo las rondas. No ha pillado que ya no están jibariando en la esquina de Martica¿?
- Verdad hombre, donde se consigue la yerba ahora¿?
- Jajaja, eso se consigue donde sea parce, usté sabe que plazas no faltan, pero se están calentando.
- Qué triste situación. Dejame este panfleto a ver yo se lo paso a un parcero pa’ que se indigne.
- Claro, pa’ eso es. Pero páselo pa’ que se avispen los parceros, que están limpiando la casa. Jajaja, y no coma de nada pues, que eso decía el cantante y ya ves que ya no canta más.
Y sin más, siguió caminando, entre risa y dolores, pa’ lante y con fe. Decidido a creer en la ley de la calle. Esa que el piensa que le garantiza seguir vivo entre el olor a muerte que no se ha ido nunca de esta ciudad. Determinado, por su experiencia, a atender a la advertencia esa que le dice “Avíspese, que están limpiando”.
Yo me quedo incrédulo, dubitativo, preocupado, pero nunca con miedo, porque el miedo es lo que buscan con esta estrategia del boleteo. No sé si por “sano” (ingenuo) o por poco precabido, pero si no he entregado a la ley de la calle mi confianza, es porque mi fe está puesta en otro lado. Otro lado donde sólo puede temerse al miedo mismo.
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Entre el final de diciembre y las primeras dos semanas de enero de este año me dejé tentar por el sueño audiovisual; sueño que se convirtió en insomnio, una suerte de insomnio asociado a las expectativas sin cumpir. Un grupo de amigos me invitaron a trabajar con ellos unos días en la realización de un telefilm, y yo que me pego de un avión fallando no pude decir que no.
Me apunté en el equipo de esta, que era una de esas producciones que conozco de hace rato, donde se trabaja con las uñas y el corazón descubierto. El producto estaría a cargo de dos productoras nacientes, Nación Latina Films, mis amigos, con quienes hicimos el trabajo de campo y todo lo demás, y MDE Cine/TV, nuevas caras para mí, y que aportaron su cámara y la post-producción al proyecto.
En dos semanas de rodaje nos dedicamos a lo que tocaba: intentar administrar el tiempo pa’ que rindiera, disfrutar del trabajo en equipo, hacer a un lado las carencias con creatividad, y claro, lidiar con uno que otro roce, de esos que genera la convivencia. Dos semanas de rodaje con un equipo de unas veinte personas y al final, cada quien retomó su rumbo a otros proyectos, o a los mismos. Con algunos de ellos seguro nos veremos en otras quijotadas.
Siempre, después de un ejercicio de este tipo, donde se juntan voluntades más que contratos, queda la expectativa. El material en bruto se va a post-producción, la tarea le queda a unos cuantos privilegiados, y el resto del equipo se come esas uñas con las que trabajó, esperando el resultado de ese período de entrega que llaman rodaje.
Y ya está, al menos el trailer, que no me gustó, pero nada puedo hacer. Luego de los quince días de un lado a otro, los señores de MDE Cine/TV se apoderaron de las tomas y cual Gollum protector de su tesoro, se cerraron al mundo y no respondieron los llamados, mientras Director y resto del equipo susurraban de fondo por su hijo secuestrado. Por su cuenta, estos señores hicieron la edición como quisieron, sin contar con nadie. Qué tristeza¡! Una empresa que quiere hacerse un camino en el medio sale con una actitud de éstas que no hace justicia a la buena voluntad con la que el resto de la gente trabajó en el telefilm.
Como algún proyecto en el que he estado antes, la cosa no terminó bien. Ahora, la gente de MDE no asume su responsabilidad en las fallas del producto final. Quieren lavarse las manos, y encima pedir una cantidad exagerada de dinero por el trabajo que hicieron a medias. Y me repito Qué tristeza¡!
No digo que no vuelvo a poner mi voluntad en este tipo de proyectos, porque estaría mintiendo. Lo que sí me queda claro es que lastimosamente hay que dudar todo el tiempos, irse con cautela ante las propuestas informales, exigir contratos con todas sus cláusulas, y que a título de estas experiencias se aprende a lidiar con el insomnio, aunque sea con la pérdida de unas cuantas noches de sueño audiovisual.
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Hace poco sucedió algo que muchos en el mundo estábamos esperando: George W. Bush dejó la casa blanca. Su nuevo ocupante, el señor Obama, con todo el folclor que ha rodeado el hecho de que un negro sea elegido presidente del país dizque más poderoso del orbe, se ha llevado todo la atención de los medios. Sin embargo, el ex-presidente petrolero sigue, y seguirá, robándose un espacio en las pantallas.
Dejo de lado lo del carisma que le atribuyen y otras cosas que yo no logro ver en este personaje, para referirme a dos casos puntuales de productos audiovisuales que he visto hace poco. El primero, con mayor bombo, aunque no tanto, es la película de Oliver Stone que tiene por nombre W. Un filme que propone una mirada a la vida íntima del ex-jefe del norte. El segundo, más humilde, menos pretencioso, es el documental ficticio del indio Kunaal Roy Kapur que, en clave de humor, juega con la imagen del esquivador de zapatazos.
Estos dos productos son un ejemplo, de muchos que vendrán, creo, porque obededen a la importancia que tienen los hombres de su ralea. Importancia como personaje, como hombre caricatura, como símbolo de estos días locos de nuestro loco mundo. El tinte nostálgico de esa imagen del ex abandonando la que fue su morada en los años pasados es uno más de los matices del George W. Bush que podremos ver en adelante.
Stone lo muestra torpe, pero determinado; inmoral en parte de su accionar, pero religioso como el que más. En su película retrata sus problemas con el alcohol, su indecisión vocacional, sus obsesiones y temores; lo humano, podríamos decir. Mientras tanto, el indio Kapur, en su propuesta juguetona en la que una embajada americana en India realiza un reality para escoger al joven que saludará de mano al presidente en su visita de estado, se ocupa del estereotipo, de las imágenes que quedan de los discursos tristemente célebres del Mister Danger de Chávez.
Como buenos precedentes en la televisión ya tenía un par de series entre mis favoritas: las aventuras animadas de Walker Baby combatiendo a sus archienemiguitos en Lil’ Bush (Pequeño Bush) y las desventuras cargadas de inseguridades atendidas por la mujer del former president en That’s My Bush. Un par de muestras simples que se suman a los dos filmes que mencionaba, W. y The President Is Coming. Muestras llenas de sátira, si no sobra la aclaración.
Estos casos me han tenido pensando sobre lo que significan personajes como éste para el registro de los hechos de la existencia humana. Por ejemplo, en W. al político le preguntan por el lugar que piensa que ocupará en la historia, y el lamentable homo sapiens responde: “En la historia todos estaremos muertos”. Y yo creo que, al contrario, personajes como él no pueden estar muertos en la historia, sino que su nombre debe resaltarse con vivos colores en la sección de los sucesos desafortunados.
Bush merece toda la pantalla. Como otros personajes nacionales que ya tendrán su oportunidad y que mientras tanto, se dibujan en pequeñas dosis de sátira que nos proveen los valientes.
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Ir y volver, ir y volver, eso es la vida.
La historia es un incesante volver a empezar.
Tulcídides
Y seguimos.