Llevo casi tres años trabajando de forma inthependiente en asuntos de Diseño web y producción de contenidos en diversos formatos. En este tiempo he tenido la oportunidad de participar en proyectos de amigos y clientes externos que me han enseñado algunas cosas y otros que me han dejado miles de preguntas.
En el camino, para resolver necesidades puntuales, he tenido que buscar herramientas para situaciones particulares y muchas de ellos se han quedado como mis herramientas de confianza. Aquí recopilo algunas:
Wordpress: Sistema Gestor de Contenidos con el que puede hacerse casi cualquier proyecto web. Inicialmente proyectado para blogs, se ha convertido en mi herramienta principal gracias a la comunidad tan amplia que lo rodea.
Audacity: Editor de audio multipista. Lo conocí en ALTAIR hace varios años, y a pesar de algunas caídas, siempre ha cumplido con la misión de permitirme disfrutar el montaje sonoro.
Subtitle Workshop: Editor de subtítulos. Permite crear y configurar archivos de subtítulos para acompañar cualquier archivo de video. Ideal para transcripciones y sincronización de archivos descargados de la web asociados a las películas que nos bajamos.
MP3Tag: Para editar los metadatos de los archivos de audio en formato Mp3. Antes me la pasaba horas y horas clasificando mi música y otros archivos de audio, pero nunca había alcanzado a entender su importancia hasta que me metí en lo de los podcasts y conocí este software.
Quick Media Converter: convertidor entre formatos de video, muy útil y eficiente para lidiar con incompatibilidades de los editores, las plataformas, la compresión y todas esas vainas que hay que tener en cuenta a la hora de trabajar con imagen en movimiento, mi más reciente obsesión.
Inkscape: mi alternativa para trabajar con gráficos en mapas de bits o vectoriales. Cuando no se dispone de un software de pago de esos que tienen todo lo que necesito, este programa no me deja colgado y me permite hacer casi todo.
Picasa: Para administrar galerías de imágenes a nivel local, hacer correcciones sencillas y reencuadres de fotografías. Aunque no uso mucho su conexión con los álbumes web, para visualizar y organizar archivos en mi PC ha resultado de lo mejor.
VSO Image Resizer: Ideal para redimensionar el tamaño de las imágenes de forma masiva. Porque a la hora de publicar galerías de 200 fotos a las que hay que cambiarles el tamaño, hacerlo una a una es una cosa de otro tiempo. Simple y al punto este software.
WinSCP: El cliente para acceso FTP de confianza. Esto es para administrar los ficheros en los servidores, hacer backups, almacenar archivos… bueno, para lo que sirve un cliente de acceso remoto.
VLC Player: un reproductor de video que lee casi todos los formatos existentes sin poner mayor problema por códecs y otros fantasmas. Además, es útil para conectarse a radios en línea y algunos canales de televisión.
LongTailVideo player: Reproductor en flash que puede incrustarse en casi cualquier web, y que me ha servido para crear canales de video, galerías de imágenes, reproductores para podcast y otras cositas más. Ha avanzado mucho y ahora tiene variados skins creados por la comunidad que lo rodea.
Seguramente se me pasan varios por ahora, por eso supongo que la lista seguirá creciendo. No supongo, es definitivo, la lista debe crecer. Si alguien puede/quiere aportar algo, le agradeceré.
Paisajes de todos los días. Momentos de país desapercibido. Busco ejercitarme, agudizar la vista, descubrir los movimientos y acciones que se me pasan con frecuencia, a ver a dónde llegamos.
Entre cada conversación con El Chanclas pasa un tiempo en el que casi olvido lo que traen oculto los sonidos de la calle. Él me hace recordar siempre ese mundo que es más real que la realidad que nos venden en TV.
Una noche cercana, mientras caminaba circunspecto, vi su silueta al fondo de la cuadra y acudí a su encuentro:
Mister Chanclas, juguar yu.
Negrito de mis amores, medio aplanchao pelao.
No jodás, qué te pasó¿?
Parcerito, ando caliente en la rancha.
Problemas con tu padrastro otra vez¿?
Si fuera con ese man no más…
Entonces, con tu hermana otra vez¿?
Si fuera apenas con mi hermana…
Ay no jodás Chanclas, estás poniendo a sufrir a tu mamá¿?
Por eso ando aplanchao ñero, por hacer bonito hice feo.
Contá que me tenés ya cabezón. Por qué fue el problema¿?
Parce, por el regalo del día de la madre.
Cómo así¿? No le gustó¿? O qué¿?
Sisas, le gustó, si vieras a la cuchita parce toda contenta, le regalé cien luquitas pa’ que se comprara lo que quisiera.
Y entonces¿? Sigo en las mismas, no jodás. Quién va a tener problemas por regalarle plata a la mamá. Ya era hora huevón.
Mi niño, a lo bien, la cucha se timbró y todo quizque porque yo lo único que le había dado eran problemas. Pero estaba juete parce, y yo todo orgulloso.
Marica¡! Qué es la joda entonces¿? Ya no estás orgulloso¿? Qué se compró tu mamá pues con la plata¿? Qué fue¿?
La vieja estaba antojada de una plancha de esas pa’l pelo, pero el muy marica que la atendió se dio cuenta de que los billetes estaban falsos.
Aaaaah¿? Le diste billetes falsos de regalo a tu mamá¿? Pero vos no sabías que estaban falsos¿?
Parce, lo que yo no sabía era que la iban a pillar, se veían muy bien hechos… Mejor toco pitos parce, me voy con mi arrugue a otro lado.
Pero vos sos una cosa jodida…
Y no atendió más a lo que le decía. Y no debí yo decirle más. Los reproches no tienen mucha utilidad en ocasiones como ésta, donde la forma en que creemos que funciona el mundo se nos estrella en la cara y nos hace revaluar variados aspectos de nuestras vidas.
A veces, con los recursos que tenemos, y un sentido común ni tan sentido, ni tan común, por hacer bonito hacemos feo.
Recuerdo un tiempo en que Dundee, como le llamamos al papá de mi mejor amigo, era el compañero de tardes. Nos sentábamos en el bar a ver por la ventana pasar carros y cosas. Ahora Dundee ha pasado una semana en el hospital y esperamos todos su recuperación.
Desde la ventana de un cuarto de hospital, Katex observa el mundo a ver si le muestra los dientes, y como el que busca encuentra…
140 fotos para llegar a esto. Mientras Dundee vuelve a casa, Katex conoce MovieMaker.
Fama tienen las cebollas de provocar el llanto. Les tildan por esto de malvadas y poco sensibles sus compañeras leguminosas. Los tomates, por su parte, de duros e intransigentes se les califica a ratos. Se dice con frecuencia que son difíciles de digerir. Sin embargo, ambos, juntos, se la llevan muy bien. Aunque este sea el caso del llanto de una cebolla y del destino de una historia que no se ha relatado aún.
Cuenta el cuento que me contaron que un día una de estas cebollas, de cachetes colorados, como el resto de su cuerpo, se hubo enamorado sin retorno de un no menos rubicundo tomate de riñón. Bajo su verde sombrero, el objeto de la pasión de aquella hortaliza hija de una perecida aliácea, escondía de igual forma una pasión sin par.
Vivían ambos muertos de frío en la puerta de una nevera. Separados vivían el uno del otro sin poder encontrar momento propicio para la sana confesión. La cebolla, sentía que cada capa de su cuerpo se endurecía con el paso del tiempo, mientras llegaban las arrugas a la piel de su tomate amado.
Cuando se hacía la luz en el refrigerador/comarca pensaban ambos en que había llegado el momento de su separación. Suspiraban descansados cuando lechuga o remolacha eran las elegidas para salir a ese festín del que difícilmente regresaban completas. Habían visto ya volver con medio cuerpo amputado a varias de sus compañeras. Cebolla y tomate esperaban su turno.
Cierto día, de estos días inciertos, se abrió la puerta del frigorífico y con la rapidez de una acción repetida, el tomate fue sacado de intempestiva forma del campo visual de la cebolla enamorada. Era el fin. Al cerrarse la puerta el suspiro se hizo llanto y la esperanza desconsuelo. No habría opción. Se iba, con el apagarse del pequeño bombillo interno del aparato, la oportunidad de al menos confesar los vedados sentimientos.
Mientras llanto y frío atacaban a la desolada cebolla, de nuevo se abrió la puerta y el bombillo alumbró a la par. Una mano delgada se le acercó para llevarla lejos de allí, lejos de su desolación. En un corto viaje hubo llegado a la mesa, donde reposaban ya los restos de aquél tomate que en su vida y en silencio amó. El lloriqueo mudo se apagó de inmediato ante la desazón. La cebolla abandonó su cuerpo y se hizo llanto en los ojos del verdugo.
Picada en pequeños trozos fue a dar al sartén junto con sus lágrimas del tiempo previo acumuladas entre sus pieles varias. Por cerca de 3 ó 4 o todos los minutos, chispeó entre el aceite caliente dejándose ir sin mayores pretensiones. Ya lo que pudo ser no fue, se decía resignada. Pero no contó con el plan del día, y mucho menos con que hecho pedazos, vendría luego el tomate a unirse con ella en un guiso magnífico.
Es usual que los fines de semana el silencio matutino sea roto con un grito venido de la calle anunciando la llegada del mazamorrero. El mazamorrero es aquél que vende mazamorra. La mazamorra es una especie de resabio culinario heredado en pocos territorios, y consistente en granos de maíz cocido nadando en su propio caldo y con frecuencia acompañado de leche y algún dulce. La mazamorra es de mis comidas favoritas. Puedo pasar un día entero pegado de una buena olla de mazamorra y suficiente cantidad de panela machacada.
Desde pequeño he acudido al llamado del mazamorrero. Apenas su oferta en forma de alarido atraviesa la ventana, desde adentro una voz anuncia que hay que buscar la olleta para ir a comprar unas cuantas tazas del manjar. Dos, cuatro, seis, dependiendo del ánimo y la cantidad de comensales. Ninguna a veces, cuando se cuenta con el maíz remojando desde la noche anterior para la preparación casera.
Ahora la mazamorra se prepara después de destapar un paquete. Antes, la mejor forma, la apropiada, incluía someter el maíz al contacto entre un mortero y un pilón. En vida, mi abuela recordaba siempre los tiempos en que ella misma pilaba el maíz para la mazamorra. El mazamorrero trae mazamorra pilada y esa es su ventaja, porque el sabor logrado de un paquete definitivamente no es el mismo.
Podría decirse que la mazamorra entra en el nivel de esos que llaman gustos adquiridos. En otras regiones del país y el continente este brebaje tiene modos de cocción e ingredientes de todo tipo. No es lo mismo. No sabe igual. La mazamorra que yo he conocido es básica, simplona, sin mucha gracia, bastante humilde, pero es mi mazamorra, la que me recuerda a mi abuela, la que he comido desde siempre con panela machacada.
He llegado a concluir que con el debido condimento, el tiempo acorde de cocción, el cuidado de los procesos y el apego a la lista de ingredientes, es posible guisar manjares para paladear con sublime encanto en forma de letras, como afirmaba el discípulo de Sócrates:
Al contacto del amor, cualquiera se vuelve poeta. [Platón]
El tema no mencionado es que no se ha escrito receta alguna de comprobada y total efectividad para llegar a la poesía siguiendo este camino. De ahí que la cuestión recae sobre la acción de asumir una postura clara: ir por la vía del método estricto y cerebral u optar por la experimentación y su amplio margen de error. Así somos los humanos. Tal vez de ahí provenga el auge de la llamada cocina fusión.
Nunca antes una película colombiana me había generado tal expectativa. Desde que vi el trailer oficial que nos mostraron como sorpresa en una proyección en el Teatro Lido hace un par de meses, estuve esperando el estreno de Los Viajes del Viento. Al fin, cuando llegó el día, pude comprobar que no era gratuita la espera. He visto el largometraje y puedo decir que me he quedado atrapado en los vientos de este viaje.
La referencia al viento, manifiesta en el tratamiento que requiere el sonido para un producto de este tipo, es permanente a lo largo del filme. Zumba y revuelca las ideas, la razón misma y, cosa natural, la sensibilidad. La arena del desierto, las plantas del cultivo, los mitos de la sierra, las notas de un lamento vallenato, todos viajan en el viento. Todos zumban sin descanso acompañando el recorrido, y para tener el mejor registro de tal movimiento, el equipo que ha creado esta obra se habrá tenido que entregar al sueño de estampar aquì su huella.
Hace poco se me despertó el afán de hacer cine, de trabajar en cine, de pasar de sólo ver películas a hacer más. Gracias a que entre mis amigos hay un montón de locos que creen en el sueño audiovisual, cada vez lo veo más cerca. Un par de proyectos de esos que se mueven en lo inthependiente, y la ilusión de estar escribiendo mi primer guión para un largometraje, hacen que la experiencia de ver esta segunda película de Ciro Guerra me llene de esperanza y me recargue las pilas; con el viento mismo, y con mis sueños de brújula, me invitan a seguir viajando.
Hablo de lo que debe significar estar un período de tiempo recorriendo terrenos cargados de esa realidad que creemos que le pertenece a la magia, al mito. Hablo de recorrer estos terrenos soportando el clima del día con una carga de equipos al hombro y todas las expectativas en la cabeza y en cartas de intención. Hablo de lo que debe significar ver un producto de tal calidad terminado y hablándole al mundo con toda honestidad, sin lentejuelas ni canutillos. Historia, paisajes, lenguas, personajes y demás, como los que se exponen aquì, no se ven todos los días en nuestro entorno; o mejor, no las vemos en el cine, pero a diario nos las cuenta el viento mismo.
Creo que será esta una película para odios y amores profundos. Como espectador te pide echar mano del potencial espíritu contemplativo que hay en todos nosotros; quien vaya en busca del rollo con chiste fácil o traquetos y tetas infladas, puede quedar decepcionado; pero si sos capaz de abrir los ojos y el resto del ser para quedar un rato a la merced del viento, el viaje te llevará de visita por lugares que parecieran salidos de otro mundo, pero no, todos y cada uno son Colombia y sus olvidos.