Digo yo, pues

Asuntos de cuestionable valor & valoradas cuestiones.

Anacrónico Paisajista

6 de julio de 2010 / Digo yo, pues / 2 comentarios

Landscape painter at work, Anza Borrego, CA 2008-0007

Cómo conocer el límite si llega el mareo antes que el borde que buscás. No hay camino posible. No hay combustible que alcance. Todo es intención. La determinación no arriba. Somos vacío adornado a fuerza de ilusiones escondidas en rincones que evitamos visitar.  Somos una farsa. Pollos farsantes.

Anacrónico paisajista que idolatrás a los delfines.
Anacrónico paisajista, cocinero paranóico.
Anacrónico paisajista con tus achaques de mohosa leontina.
Anacrónico paisajista sin más que tu terquedad.

No queda más que recoger las cartas y barajar de nuevo. Apuestas al centro.

Demasiado¿?

29 de abril de 2010 / Digo yo, pues / 2 comentarios

demasiado, da.

(De demasía).

1. adj. Que es en demasía, o tiene demasía.

2. adj. ant. Que habla o dice con libertad lo que siente.

3. adv. c. excesivamente.

———

Cada vez se hace más común el uso de la palabra “demasiado” para acentuar adjetivos indiscriminadamente. De forma regular,  puede uno escuchar cosas como: “demasiado bueno”, “demasiado bonito” o “demasiado inteligente”. Y, bueno, de tan común que se ha hecho ya se acepta como forma correcta, sin detenernos sobre el hecho de que al agregar esta palabreja a cualquier adjetivo lo estamos llevando al lado del exceso, dónde, a mi parecer, pasamos de la intención inicial de generar admiración, a generar desconfianza, por el asunto del exceso. No sé si por tara cultural o aforunada herencia, tengo en mi cabeza instalada la máxima de que “todos los excesos son nocivos”.

A veces puedo ser demasiado obtuso. #enfin

Confeccionista de alegrías

14 de febrero de 2010 / Digo yo, pues / 5 comentarios

Hay una niña vecina que suele llegar a mi casa y preguntar si está la señora que “alegra” la ropa. Mi madre es modista, y yo le digo que sí a esta niña con una sonrisa cada vez que sucede lo que cuento. No es pertinente corregirla. Antes que pensar en que la niña se equivoca, y que está en ese proceso por el que pasamos todos, y en el que algunos nos quedamos por siempre, de aprender a juntar unas sílabas con otras para intentar dar forma verbal a lo que pensamos y sentimos, me paso al bando de ella.

Esta niña ha traído a mí una figura que me llena de regocijo y de orgullo: mi madre se ha dedicado unos 30 años de su vida a alegrar el atuendo de muchas personas, incluido quien aquí escribe.

Armada de hilos, agujas, botones y su habilidad acumulada, Doña Eunice, mi madre, ha sabido interpretar los gustos de tantas y tantas señoras, niños, niñas y señores también, que dejan un fútil rastro hecho de números en las hojas de su cuaderno de medidas. Ese cuaderno, en este escenario, viene siendo el registro de fórmulas matemáticas para confeccionar la alegría de muchos.

Alegría con vida útil. Hecha a medida, cortada al molde, al gusto del cliente.

Es que quién no se ha sentido bien por el sólo hecho de vestir una prenda que cree muy personal, muy del gusto propio¿? Aun si somos de la idea de que la apariencia no importa, en algún momento de esta nuestra vida hemos de haber tenido un vestido favorito, una camisa de la suerte o un pantalón preferido por comodidad. A eso me refiero.

A diario busco rendirle homenaje a Doña Eunice, mi madre, entregándole mi confianza, el testimonio de mi orgullo por ser su hijo. Hoy, como asunto azaroso, la repetición de la escena con la niña vecina, ha traído a mí un aire de motivación rotunda por ser descendiente de una confeccionista de alegrías.

Gracias madre.

Esperar y confiar

25 de septiembre de 2009 / Digo yo, pues / 3 comentarios

Waiting

De los lugares menos visitados suele llegar lo que necesitás. En mi caso, la literatura, esa que tanto tiempo se ha tomado de mi vida, vuelve a presentarse como el camino de la luz; como ese camino que la mayoría queremos encontrar a diario; como ese camino que nos asegure un espacio en el terreno de lo que llaman felicidad.

Justo esta semana, como siempre, empecinado en mi búsqueda, terminé de leerme una novela, cosa que no hacía desde hace mucho tiempo muy a mi pesar. El turno del retorno a la lectura le correspondió a El Conde de Monte Cristo, en una traducción al inglés, que he sabido disfrutar de principio a fin. Allí, justo al terminar el paso de las hojas y el recorrer de las letras, me encontré con una contundente frase de Dumas:

“… l’humaine sagesse était tout entière dans ces deux mots : Attendre et espérer!”

“… la sabiduría humana está toda contenida en estas dos palabras: ¡Esperar y Confiar!”

El Conde de Monte Cristo, de Alejandro Dumas

Quizás para muchos no sea esta una reflexión que genere algún impacto sobre su forma de pensar. Quizás muchos de nosotros estamos tan inmersos en la velocidad de los hechos que se materializan en frente nuestro, que no tenemos tiempo ni capacidad de asombro suficiente para detenernos en la simpleza de una afirmación de este tipo. Tal vez, yo mismo, estoy volcando sobre esta frase una carga que no tiene. Porque, como diría mi abuela, que en paz descanse, “uno nunca sabe”.

Aún así, con la duda como bandera y la disposición para el deleite en las pequeñas cosas intacta, tomaré esta línea de pensamiento y acudiré al consejo que un buen amigo me compartió hace poco, y que debo aplicar a cualquier decisión próxima: “Calma¡!”

Interesante¿?

2 de septiembre de 2009 / Digo yo, pues / 3 comentarios

interesante.
1. adj. Que interesa o que es digno de interés.

Es increíble el afán que tenemos de ser o parecer dizque “interesantes”. Con regularidad, la búsqueda de eso que suele llamarse “interesante” esconde, tras los más elaborados motivos aparentes, una angustiante necesidad de pertenecer, establecida sobre un falso dilema.

Que si esto o aquéllo es interesante. Que si vos o yo somos interesantes. Que si algo o todo es interesante. Siempre un falso dilema, pues digno de interés es todo aquéllo que es o existe; y bueno, lo que no es también. Porque en últimas, como decía mi abuela que en paz descanse, hay gente para todo, y de todo para la gente.

Entonces, si le hago caso a mi abuela, todos y todo puede ser interesante. Como esta canción:

DE LO QUE SE HABLA

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