No soy yo, Sos vos
Sobre la tendencia a echarle la culpa a los otros, transferida a la red.
Caso Twitter y Facebook.
Por estos días me trae inquieto una serie de comentarios al respecto de varias plataformas sociales. Como casos específicos, y para facilitar el cuento, podría citar como ejemplos principales los tan amados y odiados Facebook y Twitter.
Para quienes hayan tenido la cabeza metida en un hueco dentro de la tierra donde no hay internet o que no tienen un correo electrónico donde lleguen notificaciones diarias de invitación a estos servicios, la cosa puede resumirse así. Facebook es una plataforma social donde se comparten aplicaciones y otras muchas cosas con una lista de “amigos” y/o contactos; tal vez la plataforma más famosa del momento. Y Twitter es un servicio de microblogging, donde el usuario cuenta su día a día, recomienda enlaces o hace ejercicios de seguimiento de los eventos que está presenciando.
Ahora, los comentarios a los que quiero referirme son por el estilo de los siguientes:
- “Es que la gente es muy desocupada”
- “Facebook es para gente que no tiene nada que hacer”
- “Ese Twitter es una ladilla”
- “Le gente me mantiene el correo lleno de invitaciones”
- “1 dia sin leer twitter significa 7 hojas de twitts, mucha gente como que no tiene vida”
- “3 hojas de mensajes en 1 dia ¬¬ patético, Get a Life Colombian Twitters”
- “Uno se mete a Facebook y los demás lo llenan de inutilidades”
Eso, para citar algunos, porque lo que abundan son comentarios de este tipo. En general, se sataniza la herramienta, se señala al otro de ocioso o desocupado, o simplemente se dice que todo es malo, así porque sí, sin más razón. Eso, a mí, no me parece.
No me parece porque pienso que hay formas de no verse afectado por esto que incomoda tanto. Las herramientas no son ni benignas ni malignas por sí solas. Como cualquier tecnología, los resultados y utilidades dependen del uso que le dé el ser humano. Un ejemplo repetitivo es el del fuego; gracias a él pudimos empezar a cocinar nuestros alimentos y modificar nuestra alimentación hace muchisisísimos años, pero también, con el fuego, fue posible quemar pueblos enteros, así como inventar uno de los mayores males de nuestro tiempo: las jodidas armas de fuego.
Ahora, retomando el tema. Lo más sencillo, es obviar direcatamente la existencia de estos servicios en la red. No apuntarme, ignorarlos, hacerse el ciego. Eso. Pero si sigo de obstinado en que tengo que estar usando cada servicio nuevo que aparece en la red, simplemente porque todos lo están usando, siempre habrá otras alternativas. Pensando en esas alternativas, me aventuro a hacer un listado, y si vos podés agregar más, se te agradecerá.
- Si pienso que Twitter o Facebook no sirven para nada, pues simplemente no me abro una cuenta para estar echándole vainas a los otros.
- Si decido abrir una cuenta donde sea, los servicios suelen tener niveles de privacidad que pueden configurarse. Usualmente se logra evitar el bombardeo de notificaciones con sólo hacer clic en unas casillas de verificación. Cosa de unos pocos minutos.
- Si no quiero recibir miles de notificaciones no ando agregando a miles de personas como “amigos”. Es decir, no todos aquellos que reconocemos por un nickname, son nuestros amigos de forma automática.
- Tener en cuenta siempre que existen botones como Ignorar todo en Facebook, o Remove en Twitter. Tener presente también el Cancel/Delete Account. (aunque en Facebook la cosa es a otro precio)
- Observar primero en que punto estoy yo, cómo hago uso de las herramientas estas, antes de buscar los culpables por fuera. Algo así como esa parábola católica que dice que solemos ver “la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio” (no soy católico, pero sirve pa’l ejemplo)
- Y para cerrar, porque se me acabaron las ideas por ahora, hay que tener presente esebotoncito que tiene forma de X y está casi siempre en la parte superior derecha de las aplicaciones. Generalmente, el uso de ese botoncito, nos soluciona la angustia que nos causa la forma en que “los otros” pierden el tiempo y nos hacen perder el nuestro.
En fin. Son muchos los estadios posibles, muchos, igualmente, los comentarios que se hacen. Lo que me inquieta es que la idea transversal a todos esos comentarios es la típica práctica de echarle el pato al vecino, sin fijarme en lo que yo hago. Para mí es cuestión de ser autónomo, de que cada quien decide qué y como usar las cosas.
Por eso, y otras razones que de momento se me escapan, no veo motivo paraa mantenerse en esa actitud de No soy yo, sos vos. Porque en ese caso, quedamos como el bobo más famoso de la televisión colombiana, el tal JotaMario ese, que todas las mañanas embrutece durante horas a la gente y con una sonrisita hipócrita les dice “cojan oficio”. Quedamos como payasos.
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Bonustrack:
Para alivianar el cuento, les recomiendo leer al “Programador Desconocido” y sus ideas para Mejorar su calidad de vida virtual en 1 y 2 entregas

Casi no me gusta ver televisión colombiana, pero hay momentos en que algo me seduce e invierto un poco de mi tiempo en llenarme de argumentos para ponerme en pie y correr hacia la compu a perderme en la web. Una de esas inversiones recientes ha sido ver el programa del Defensor al televidente del Canal Caracol, llamado Doble Vía, dirigido por la periodista Amparo Pérez. Lo que ví le hace honor al nombre con todas las letras, esa doble vía de la que hablan me huele a que se refiere a la doble moral con la que enfrentan los temas.
Hola, mi nombre es Jorge Montoya, soy colombiano y tengo 26 años. Idealista, lactodependiente, futbolista frustrado y adicto al café. Me gusta escuchar, aprender todos los días y empelicularme con mis pasiones: las ideas, los sonidos y las imágenes.
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