Traigan dos gordas

Publicado hace 8 meses

Valen más dos gordas que Brooke Shields.
[Bersuit Vergarabat]

Para empezar con esto tengo que poner la idea del amor romántico en el cajón inferior de mi escritorio. Mi escritorio no tiene cajones, entonces quedemos en que los dos sean inventos: amor romántico y cajón inferior. Me pongo mi camisa de hedonista y sigo al teclado. Esta nota la escribo desde mi lado más superficial. Seguramente otra faceta de mí me grita al oído que esto es puro lavarse las manos. Paso a contar por qué me gustan las gordas.

Me gustan las gordas. He buscado maneras de decirlo haciendo quites a lo concreto y echando mano de expresiones y palabras salidas de la ceguera colectiva, pero ya, creo haberme curado. Me gustan las gordas y ahora lo proclamo al mundo como mi mayor rasgo de superficialidad. Está claro que en cuestión de relaciones humanas uno no elige siempre, pero, si de gustos hablamos, ya tengo mi ficha. Me gustan las gordas. Incluso, por el apuro de alguna inquisición, me he armado de argumentos sólidos para respaldar dicho gusto. Sigo.

Aunque en lo de los gustos es traicionero buscar valoraciones objetivas, después de muchos qués y por qués sobre el tema en cuestión, llegué a identificar una estructura en mi predilección, montada en cuatro pilares:

Primero, la perspectiva antropológica. Pienso que el peso de las gordas constituye una ventaja biológica ante una crisis, bien sea por escacez de alimentos o temperaturas extremas, lo que no es un detalle menor, ante la inminencia de un apocalipsis. Hablo de almacenamiento de energía calórica, de adaptabilidad, de permitirse ser buena muela sin prevenciones, lo que será una ventaja siempre a la hora de ordenar comida, pues no aplicará el clásico “No quiero nada, yo te robo”; tus papas fritas serán tus papas fritas.

Segundo, el complejo de complejo. No puedo negar que en la vida me ha gustado llevar la contraria, cuestionar los cánones y valores establecidos, y hacerles el menor caso posible. Tengo una visión del mundo que tiende a buscar los caminos difíciles y el lado b de las cosas. Esto puede ser una percepción errada, como cualquier percepción, pero a esa tendencia le llamo el complejo de complejo.

Tercero, la teoría de los pliegues. Esto parte de una idea básica: cada pliegue es un campo múltiple para el desarrollo del placer. Allí interviene la creatividad del amante, por supuesto, pero siempre es una ventaja contar con abundante materia prima. A mayor área de contacto, es obvio, habrá mayor superficie qué explorar.

Cuarto, pero no menos importante, la disposición actitudinal. Aquí pienso inmediatamente en la libertad que produce el desprenderse del juicio estético, y eso para las gorda ssuele ser un proceso que se da a una edad donde la personalidad en formación, debe hacer gala de múltiples habilidades para lograr adaptarse en su entorno social. Es que ella es muy buena gente, pero es que él es tan chistoso… Cuándo vio usted un gordo aburrido¿?

Así un vistazo ligero a esta idea que asumo en parte como confesión, aunque para mis cercanos no sea novedad. Mi superficialidad mayor, mi ego cerdo y sin vergüenzas dice sin rodeos: me gustan las gordas.

Plop
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