Plop

Publicado hace 5 años

Plop era un globo que no se diferenciaba de sus colegas de goma inflable más que por tener cavilaciones continuas sobre su flexible condición. Era una cosa muy rara que existiera un globo pensante. En las horas de más aire en la entraña sucumbí­a ante el ataque de un existencialismo inusual: se preguntaba este globo un dí­a por eso que llaman libertad.

Fija la mirada en la mano que sostení­a el hilo atado su cuerpo volátil presto a la huida, pensaba en el futuro prometido por tirones que le dejaban ver su capacidad de volar e ir entre el aire sin compromiso directo con la gravedad, pero que lo traí­an rápidamente a su condición habitual. Pensaba en cada uno de esos momentos de aquella mano agitada que parecí­a divertida cuando soltaba y tiraba de nuevo, generando un vací­o similar al que sientes en una montaña rusa. Plop nunca estuvo en una montaña rusa.

La mano, de su lado, le pedí­a al globo la calma que no respaldaba con sus actos. Mientras se burlaba de los alcances de la imaginación del globo, le prometí­a terrenos abiertos entre los cuáles dejarse ir. Tiraba otra vez la mano, le hací­a revolver para que sintiera de nuevo la tensión del control sobre su cuerpo henchido de ansias de libre albedrí­o.

Cuando la tensión llegó a tal punto que el ví­nculo prometí­a romperse, Plop decidió hablarle a su captor:

Al parecer te divierte, mano controladora, el someterme a esta cárcel. Mas es por demás mezquino regocijarse en falsas promesas y hacer burla premeditada de la ilusión de otro ser. Que si has de soltarme, hacerlo, mas tirones no aguanto más.

Y poniendo atención a medias, apenas oyendo de soslayo, acertó a responder la mano con su tono de padre mandón:

Qué no ves, globo iluso, que yo soy tu amo y creador¿? Sin el aire que he procurado para inflarte no pasarí­as de goma inerte. Ten en cuenta, mal agradecido, que es más lo que puedes hacer teniendo la firmeza de este cuerpo al que pertenezco que siendo dueño de tus decisiones. Mira que si volar te dejo no habrí­a control al que pudieras acceder.

Cada dedo acentuaba una sí­laba, cada sí­laba acentuaba la desilusión del globo.

Mientras escuchaba a su tirana, ama y señora, dueña mano, Plop se fue desinflando voluntariamente. El aire abandonó su cuerpo y se dejo ir el globo con él. Apenas recordando que recuerdos no tení­a, apenas anhelando una montaña rusa que nunca conoció.

Traigan dos gordas
Hace falta
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