Érase una almojábana

Publicado hace 5 años

Érase una almojábana devenida pandequeso. Única entre la parva, ganose un lugar en lo más visible de la vidriera; gloria fue su vací­o así­. Mojicón, rosca y pastelito desmigajados de envidia. Levadura que no leva dura el ancla que a la tierra le sostiene. Campos de trigo, soles de media mañana. De lo alto mirase un pan envuelto de hace ocho dí­as; verde de celos ancianos como los bizcochos primos que tras él esperaban el desahucio. El pandequeso recién nacido era una rareza más entre piezas de harina envejecida por abandono. Érase un pandequeso que antes almojábana fue.

La sola
Tengo de palabras lleno el saco
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