Tengo de palabras lleno el saco

Publicado hace 6 años

Tengo de palabras lleno el saco.

Largas, cortitas, dulces, ariscas,
francas, finas y puntiagudas.

Tengo pronombres, adjetivos y adverbios,
mas de verbos la escasez  se nota.

Conjugar justo en horas de sueño,
el salto del pluscuamperfecto, la duda del subjuntivo.

Denotan y connotan, viven,
arman festines de interpretación.

Entonaciones al ritmo de la intención,
velos que son llevar, traer, indecisión.

Son delación involuntaria,
o simple asumirse animal simbólico.

Honestas, falsas, verdades a medias,
son lo que son, y al revés ya no.

Que acarician los labios, y muerden la lengua,
las hay tan frí­as que los dientes tiemblan.

Te dejan sin aire en el trabajo de parto,
te cargan de vuelta, te llevan de viaje.

Tengo fonemas ordenados al azar,
que bordean la lógica, que marcan el paso.

Son el capital del nómada,
acerbo del ajeno huraño.

Juegos y danzas con ritmo propio,
rebelde grafí­a de la inconstancia.

Voy de la euforia al desahucio,
tengo de palabras lleno el saco.

Érase una almojábana
Despuntado
2 comments
Kachearen
Kachearen

Diálogo Yo sé lo que duele la tortura de la palabra, usarla, y vivir en su débil boceto la propia insuficiencia, quererla de nuevo convencido de que tendrá sabor a agujas. Podrí­a organizar un Congreso de versos felices en algún paraí­so inútil para crear otra locura o el suplicio perfecto. Me sentirí­a realizado, si pudiese escribir el silencio, llenar con un rí­o sangrante los surcos de las frases, hacer brotar un árbol de letras que cambien de colores y hasta mueran, o capturar el amor en un párrafo con sólo puntos y coma, entre paréntesis seguidos, con signos mayúsculos, sin sustituir con la página los cuerpos. Si las palabras fueran, en verdad, ojos, o anatomí­as en busca de un orgasmo, no me aflijirí­a la mentira maquiavélica. La palabra con su danza humilde y contagiosa cultiva virtudes aterradoras. La crucifixión es uno de sus castigos. No puedo ser la palabra ni dejar de serlo. Encarnamos una miseria compartida. M. C. Salas