Fuma de ayer

Publicado hace 10 años

Con los ojos vidriosos de la fuma de ayer, muy de madrugada, y sin haber dormido, se forma en mi memoria una silueta que te escribe una carta; en papel casero como en los dí­as de asueto, cuando hacer papel casero y escribir cartas era lo que tení­amos en común.

Primero en borrones, después cristalina, surge la grafí­a en el soporte blanco hueso con su forma de recuerdo, de reproche, de grito contenido. Con letra firme y clara dice que estoy solo; que extraño esas mañanas de café y panorama hasta la hora del almuerzo; que estos dí­as presentes, con su aridez por bandera, son el precio que pago por algo que compré; que no sé muy bien de qué se trata, pero que lo averiguaré.

Las letras confundidas, atendiendo con desgano a su misión, se juntan en excusas de las más variadas tallas. Son tiempos locos los nuestros, la economí­a es una farsa, los niños de África, puta Iglesia, abajo el sistema. Pintan las palabras paisajes desolados, habitados por máquinas, anuncio del novamás, pero siempre, o sea sin excepción, aparecen los colores desde un has de luz que sos vos; una luz de tanta claridad que lastima las retinas, mi sensibles retinas. Otra vez disculpas, que tan cursi, que no hay más qué hacer, que el amor, que el odio, que mejor así­.

En ires y venires de pluma al tintero, porque hace un tiempo sólo escribo con pluma y tintero, el dibujo se completa desnudando silencios. Vence la claridad a la noche por completo hasta llegar al punto final; pausa suspensiva papel doblado, sobre. Mi silueta y sus manos temblorosas, otra pausa. Caminar dos pasos hacia la mesa de noche

Prendo el otro. Quemo la carta.