Cuarto piso

Publicado hace 11 años

Al cuarto piso del edificio donde vivo se le vio por última vez el domingo pasado. No le he preguntado a nadie a dónde ha ido, pero puedo ver como respuesta un silencio incómodo y un tornar de ojos que no entiendo. Al cuarto piso del edificio donde vivo se le vio por última vez justo después de la tercera planta; antes de la quinta.

El edificio donde vivo tiene cinco pisos nada más, y yo vivo en el último. Como no hay ascensor, hago unos 84 escalones por trayecto. El trayecto, para alguien que sale de su casa solo para lo estrictamente necesario, es una tragedia completa, con todos sus actos. Desde el pasado domingo no he salido, pero puedo ver que el cuarto piso del edificio donde vivo ya no está ahí­.

El domingo pasado, cuando vi por última vez al cuarto piso de mi edificio estaba radiante. No soporté el brillo. Aunque duró poco y luego se esfumó. Desde el fondo del cuarto piso del edificio donde vivo, una voz de un hombre extraño en su hora de despertar, clamó de la forma más vulgar ese nombre que yo apenas y pronuncio con pudor, al grito de una solicitud, mientras rascaba su panza al viento, cubierta de pelo: «Mariana, traé leche y huevos».

Hay quiénes dicen que el cuarto piso del edificio donde vivo sigue ahí­. Yo no puedo, o no quiero creerlo, y por eso estoy preparando mudanza para el próximo domingo.