Otro asolapao más

Publicado hace 12 años

* Asolapao: dí­cese del que tira la piedra y esconde la mano.

Cuando me dí­ cuenta de la Marcha más pací­fica de la historia, y me aclararon que se trataba de una manifestación a favor de la marihuana, me apunté, sin más.

El 2 de mayo a las 2:37 p.m. era la cita. Justo cuando iba camino al Metro, dando la vuelta a un par de yarumos que hay en la esquina de la tienda de doña Maruja, me topé con mi buen compañero de otras luchas de hace tiempo:

  • Ututuy, mi negrito, muy bonito se le ve.
  • Jaja, Chanclas, Chancliviris, vas para la marcha¿?
  • Marcha¿? No sé de que putas estás hablando. Marcha de qué o qué¿?
  • Marcha mundial de la marihuana, no te enteraste nunca¿?
  • Nada mi niño, no habí­a escuchado de esa mierda, y eso qué, o qué¿?
  • Pues mano, es como una concentración. Caemos un montón de peludos a fumar moño y a gritar como descosidos por lo que consideramos derechos; la libertad de expresión, de desarrollo de la personalidad, a promover la legalización, el autocultivo y esas cosas… vos sabés.
  • Nada, no sé parcero. Pero que caspa, yo no me voy a chupar agua, esa chimbada de las marchas no sirve pa’ forro. Y además eso va a estar lleno de tombos.
  • Pues como acto simbólico sirve, creo yo que dice mucho. Y por los tombos no hay que preocuparse, ellos van como edecanes.
  • Ja, parchao. Pero, seguimos de sanos parcerito. Cuántas personas van a esa mierda¿? Yo no creo que muchas. Esta tierrita mi niño es de puro asolapao, la gente no se va a dar boleta así­ como así­, fumando bareta en la calle con un combo grande peludos y gritando que son marihuaneros… no, eso no pasa. Jaja, a menos que sea después de una farra. Y además, eso como que no me trama. yo no sé marchar sino a la plaza parcero, pa’ allá voy.
  • Hombre, pues yo te invito si querés a que nos vamos a la marcha y comprobemos qué tal va.
  • Nooo panita, no hay como. No tengo pasajes.
  • Y para dónde vas ahora pues¿?
  • Jaja, pa’ la plaza parcero, a mercarme unos bareticos que hoy hay fiestón donde el mocho. Vas a caer¿?
  • No creo, pero gracias. Yo me marcho a la marcha.
  • Ay muñeco, cada quien pierde el tiempo como quiere.
  • Después te muestro. La gente cae a tomar fotos, a hacer videos y otras vainas que suben luego a Internet.
  • No me crean tan güevón, y entonces a la gente le parcha boletiarse y marcarse como objetivo militar ellos solitos¿? Qué paila mi niño. Conmigo no cuente. Yo marcho en lo mí­o, vos estás muy casposito con eso.
  • Pues qué te digo, seguí­ mejor.
  • Ya le dije parce, esta tierrita está llena de asolapaos, y yo soy otro más. Suerte es que le digo.

Con su deseo de suerte busqué mi destino del dí­a.  Marché, grité, aplaudí­, fumé, pensé como siempre en el punto de vista de El Chanclas.

Comprendí­ en una esquina lo que me dijo mi amigo cuando un señor se me acercó a preguntarme de que se trataba el alboroto de esos 800 peludos calculados a ojí­metro. Al resolver su duda el señor me observó de arriba a abajo con gesto de desaprobación, se sacudió y volteó para seguir su camino, sin pensar si quiera que sus ojos y su cara evidenciaban el paso de los humos y le dejaban entre el bulto de nuestra sociedad de bellas personas que tiran la piedra y esconden la mano, incluso, llegando al punto de señalar a quien esté a su lado, aunque sólo pasaba por ahí­.

La marcha sigue. Se quiere hacer comunidad.