Hay pasta
Marcelo decíase, y afirmábase en sendos revuelcos a su capacidad de asombro, que no había experimentado cosa similar. Sacudíase inquieto. Buscaba su cuerpo, que estaba en el lugar de siempre, bajo su cabeza. Recurría al pellizco a ratos. Visitaba los cercanos rincones de su cuarto vacío, de dos metros de ancho, dos metros de largoContinue Reading