Porque no le cogí el ritmo, por falta de tiempo, tal vez de interés. Estaré atento a mis proyectos de más largo aliento y en la permanente búsqueda de esa mirada propia. Igual, gracias por el aguante.
A ver. La cosa es muy sencilla. 365 días tiene el 2010. Una cámara integrada tiene mi laptop. Muchas cosas pasan cada día. Qué hacer¿? Pues como dice el amigo Alejandro Ángel, “La vida es un reality ¿Por qué no contarla en imágenes?”
Así, con referentes como el señor Jonas Mekas que descubrí gracias a los ojicuadrados, y otros experimentos similares que se han hecho y se seguirán haciendo, empiezo mi propio laboratorio de ensayos: PCCAM365, una colección de videos que haré día a día, con la cámara integrada de mi PC y sin una idea inicial clara y definida del contenido.
No sé, repito, qué saldrá de esto, pero seguramente será otra buena nueva forma de aprender haciendo.
A ver, que venga el 2010.
Actualización:
Con un solo día de esto, me doy cuenta de lo limitado que estará el asunto con la idea de usar nada más que la cámra integrada de la computadora; por eso toca corregir la propuesta y dejar esa idea.
En abril, después de seguir unos meses el proyecto de David y Juan Miguel, les escribí contándoles de mi interés en participar en ese equipo de trabajo y aportar en algo a lo que se traían entre manos. Ellos, con la cordialidad y el entusiasmo que los acompaña, acogieron mi propuesta y me invitaron a pensar en una nueva casa para ese Pinocho que se había convertido en su día a día.
Ya la casa está construida. Al menos los cimientos y las paredes. De ahora en más nos ocuparemos en detalles, como enchapar los baños, estucar paredes, poner unas cuantas molduras y hacer que los usuarios puedan transitar con toda la comodidad.
Les queda para visitar y estrenar: AgenciaPinocho.com, El diario de lo que no es noticia.
Actualización:
Comparto 23 minutos del concierto de los amigos Parlantes. MP3 pa’ descargar.
Hace unos meses Pacho me invitó a hacer parte de un rollo en el que andaba. La tarea era buscar espacios que nos permitieran ubicar, por medio de un producto audiovisual, el fondo de la literatura del británico J.G.Ballard en esta Medellín de todos los días. Sin pensarlo acepté la invitación y nos pusimos en marcha para realizar lo que terminó llamándose Impossible Man, el viaje de Conrad, el maniquí aviador.
Fue un gusto, como siempre, trabajar con Pacho. De él he aprendido que las mejores cosas se logran con calma y dedicación. Este resultado, que pretende ser honesto con lo que pudimos abstraer de esas cosas que sentimos al afrontar las letras de Ballard, es justo ese medio para mostrar parte de nosotros y de nuestra visión del mundo filtrada por la paciencia y la capacidad de contemplación.
Gracias Pacho, seguro haremos más y mejores cosas en los días por venir.
IMPOSSIBLE MAN
Dirección: Francisco Cárdenas Produción General: Jorge Montoya Producción de Campo: Carlos Aguiar, Evelio Ramírez Producción Ejecutiva: Proyecto Líquido, Viviana Trujillo, Hernan Ortíz Arte: Jorge Montoya Cámara: Manuel Gómez, Alejandro Gómez Post-producción: Francisco Cárdenas Diseño Gráfico: Jorge Castaño Foto-fija: Federico Ruiz, Luis Pérez Música: Federico Goes, Nine inch Nails Duración: 15′40″
Agradecimientos:
Catalina Cortés, Maria Isabel Correa, Pipe Toro, Matias Jaramillo, John Hoyos, Sara Vélez, Angelica Posso, Camilo Castaño, Paula Vélez, Centro Multimedial Universidad EAFIT, Centro Comercial Oviedo, Estación de Bomberos Campo-amor, Administración Central Minorista, Centro Comercial San Diego, Parque Poblado, Chatarrería “Chucho” – Envigado, Secretaría de Tránsito de Medellín, Ministerio Nacional de Transporte
Espacios que sirivieron de locación en la ciudad de Medellín
De los lugares menos visitados suele llegar lo que necesitás. En mi caso, la literatura, esa que tanto tiempo se ha tomado de mi vida, vuelve a presentarse como el camino de la luz; como ese camino que la mayoría queremos encontrar a diario; como ese camino que nos asegure un espacio en el terreno de lo que llaman felicidad.
Justo esta semana, como siempre, empecinado en mi búsqueda, terminé de leerme una novela, cosa que no hacía desde hace mucho tiempo muy a mi pesar. El turno del retorno a la lectura le correspondió a El Conde de Monte Cristo, en una traducción al inglés, que he sabido disfrutar de principio a fin. Allí, justo al terminar el paso de las hojas y el recorrer de las letras, me encontré con una contundente frase de Dumas:
“… l’humaine sagesse était tout entière dans ces deux mots : Attendre et espérer!”
“… la sabiduría humana está toda contenida en estas dos palabras: ¡Esperar y Confiar!”
El Conde de Monte Cristo, de Alejandro Dumas
Quizás para muchos no sea esta una reflexión que genere algún impacto sobre su forma de pensar. Quizás muchos de nosotros estamos tan inmersos en la velocidad de los hechos que se materializan en frente nuestro, que no tenemos tiempo ni capacidad de asombro suficiente para detenernos en la simpleza de una afirmación de este tipo. Tal vez, yo mismo, estoy volcando sobre esta frase una carga que no tiene. Porque, como diría mi abuela, que en paz descanse, “uno nunca sabe”.
Aún así, con la duda como bandera y la disposición para el deleite en las pequeñas cosas intacta, tomaré esta línea de pensamiento y acudiré al consejo que un buen amigo me compartió hace poco, y que debo aplicar a cualquier decisión próxima: “Calma¡!”
interesante.
1. adj. Que interesa o que es digno de interés.
Es increíble el afán que tenemos de ser o parecer dizque “interesantes”. Con regularidad, la búsqueda de eso que suele llamarse “interesante” esconde, tras los más elaborados motivos aparentes, una angustiante necesidad de pertenecer, establecida sobre un falso dilema.
Que si esto o aquéllo es interesante. Que si vos o yo somos interesantes. Que si algo o todo es interesante. Siempre un falso dilema, pues digno de interés es todo aquéllo que es o existe; y bueno, lo que no es también. Porque en últimas, como decía mi abuela que en paz descanse, hay gente para todo, y de todo para la gente.
Entonces, si le hago caso a mi abuela, todos y todo puede ser interesante. Como esta canción:
Suelo apoyar proyectos que me invitan a mantener activa mi sed de conocer e interrogar el mundo y las cosas que lo mueven. No dudo en dar una mano a quién me lo pide, si quién solicita mi ayuda muestra su pasión por el asunto que se traiga entre manos. Por eso, y otras muchas razones, invertí algo de mi tiempo en el montaje de PRESENCIAS: Relatos de vida en el espacio de los muertos, el trabajo de grado de mi buena amiga periodista Isabel González Ramírez.
En los videos, galerías fotográficas y rePRESENCIAS se refleja el esfuerzo por hacerle todas las preguntas posibles al tema de la muerte desde un enfoque particular: cómo los vivos dotamos de significados esos espacios que en lo práctico están destinados al depósito de restos humanos. Esa mirada especial, puede ser una de otras las razones, pero sin duda, sigue siendo la pasión la que destaca.
Seguramente en la cabeza de Isabel siguen rondando la voz de Doña Clara Penagos y su amor por sus “bellos difuntos”, alguna canción de Ramón Elías Quintero y su anhelo de fama, la descripción del señor “muy grande, muy grande” que espantó a Adriana Bolívar o la animosidad de los muchachos de la I.E. República de Honduras y sus visiones sobre la vida y la muerte; porque a mí me pasa. A mí me contagió, sin duda, la convicción de que vale la pena preguntarnos cosas.
Paso a invitarlos entonces a que recorran los contenidos que están publicados en PRESENCIAS, que para mí en adelante serán un ejemplo de como los procesos creativos alimentados con pasión y convicciones, pueden llenarte no sólo de resultados prácticos, sino también, y en mayor medida, de esa satisfacción que perdura en el tiempo.
NOTA AL PIE: Siempre estaré agradecido de poder ayudar a que las ideas de los otros se abran caminos. Gracias Isabel.
Hay días en que sientes la necesidad de un cambio de dirección en tu camino. No un movimiento de 180 grados que te lleve en la dirección opuesta. Ni siquiera un giro agresivo a izquierda o derecha. Tan solo un ligero cambio de rumbo puede bastar. El truco debe estar entonces en encontrar el punto de inflexión apropiado. Creo que he encontrado uno. Veremos.
Se han muerto las mariposas. Se presume, luego de las pesquisas post mortem, que cuatro de ellas se fueron agobiadas por el abandono; otras cinco, las restantes, abrasadas por el fuego emanado de la explosión repentina del volcán aledaño a su terruño.
Se han muerto las mariposas, pero nadie las ha visto morir. Han sido encontradas allí, reposando en los revolcones a los que han sido sometidas. Sonríen aún estando inertes. Ausentes. Felices. De dónde vendrá la sonrisa de las mariposas¿? No hay respuesta. Sólo se les ve sonreír. Queda el vacío. El vacío del anhelo lejano, extraño e imposible; impasible también.
Se han muerto las mariposas, de repente, solitarias. Se supone una muerte lenta, de gritos y desparpajo; de desesperanza y desilusión. Su sonrisa genera la duda. Por qué sonríen las mariposas¿?
Si han muerto por qué sonríen¿? Estarán acaso seguras del eterno retorno¿? Del cíclico ser¿? De la fuerza de su energía vital¿? No será posible saberlo hasta conocer las razones que las llevaron a dejarse ir en el inhóspito río de llanto que se paseaba en frente suyo.
Finalmente han sucumbido al fuego de aquél volcán apasible que se observó siempre ahí, cerca, como testigo paciente de su lúbrico revoloteo.
Se han muerto las mariposas. Nadie las llora. Ellas aún ríen.
Reiremos con las mariposas¿?
[Fragmento de un texto abandonado hace seis años. Una pretendida novela que quiere volver a vivir.]