Te veré en Medellín, Calamaro querido

Desde que me enteré de la visita del grande Andrés Calamaro a Medellín, me llené de ansiedad. Lo he esperado toda la vida.  O al menos toda mi vida desde que conozco su música.  Hoy ya tengo la boleta para entrar al concierto del 16 de octubre en la Plaza de Toros La Macarena, y con toda la seguridad sé que voy a gozar como enano de principio a fin.

Falta un mes y medio, pero me e hace ya un tiempo, de forma intensiva, a recorrer los sonidos del argentino.  Confieso una devoción casi religiosa por las letras fluidas y a veces cándidas de Andrés.  Me inspiran, me llenan de amor, me recuerdan al amor y sus olores, colores y sabores. Soy un fanático empedernido.

Encima el tipo es un visionario.  Me parece.  Al menos con sus declaraciones recientes a propósito de las descargas de música vía Internet, donde asegura que esta práctica hace que los músicos deban ser cada vez mejores.  Esa idea, junto con otras, me hacen pensar que el tipo la tiene clara.

Con las canciones de Calamaro me he enamorado y desenamorado.  He sentido rabia, desolación, dicha plena y hasta euforia.  Desde Los Abuelos de la nada y ese Mil horas que cantaba yo a los 10 años, pasando por el Mucho Mejor de su etapa en Los Rodríguez que salté y salté en la adolescencia, hasta el Estadio Azteca que ahora coreo abrazado con amigos y con un vaso de cerveza en mi mano, el poeta ha escrito, compuesto y cantado, un montón de cosas que se han convertido en parte importante de la banda sonora de mi vida.

Hoy, entonces, dejó aquí mi ansiedad por ese momento de oi­rlo en vivo.  Ya me aseguré la entrada y la buena compañía.  Canto a diario una buena dosis de sus canciones para mantenerlas frescas. Y encima de todo va a venir este mi ídolo en un momento en el que estoy lleno de amor.  Así todo está servido.  Te veré en Medellín el 16 de Octubre Calamaro Querido.  Y seré feliz.