Las oportunidades las pintan calvas

Publicado hace 14 años

«Suerte es que le digo», fue la frase que me lanzó el chanclas al despedirse hoy. Parecí­a inusualmente afanado. Siempre lo vi como una persona que espera, más que una persona que se dirija a algún lugar. Esta vez era diferente. Yo esperaba a un amigo sentado frente al parque, y él caminaba con celeridad, pero siempre, con su nobleza casi infantil, tiene un minuto para hablar con vos:

  • Don Chanclas, un gusto en verlo.
  • Ah, quiubo pues negro.
  • Vas de afán o qué¿?
  • Maomenos parce, te acordás de El Tamaludo¿?
  • El gordo calvo que viví­a en la esquina¿?
  • Sisas, ese. Me llamó ahora ñerito. Que hijueputa susto mi niño cuando ese man me dijo que era El Tamaludo. Todos los del parche creen que a ese man lo pegaron los del hueco.
  • No jodás, yo no lo volví­ a ver, pero sabés que trato de mantenerme lejos de esas vueltas.
  • Sisas, yo sé, pero pí­llese socito que ese man no es cadáver ni nada. Me contó que anda parao camellándola en Chamozuela.
  • Ah sí­¿? y haciendo qué¿?
  • Ni puta idea parcerí­n, me tiene cabezón ese man, me dijo que nos pilláramos por la tarde, que tení­a una vuelta pa’ pintarme.
  • Vuelta¿? Mucho cuidado hermano…
  • … relájese bacán, que usted sabe como es ques. Yo mejor me piso…

Y se pisó. O mejor, siguió su rumbo. Deseome suerte, y yo a él.

Ahora siento curiosidad sobre esa cita. Curiosidad por la decisiones que tiene que tomar a diario para mantenerse en su ley. Porque El Chanclas, a pesar de haber tenido en frente todas las ofertas posibles para ser un delincuente más, nunca ha pasado de ser un hijo de barrio a la espera de oportunidades. Según él, yo sé «como es ques». Pero uno nunca sabe como será.

Hoy, que parecí­a ir al encuentro de una oportunidad de esas que suelen ponerse en su camino, me dejó con la duda palpitando, a la espera de que me lo vuelva a encontrar.