En mi familia hay 3200 secuestrados
Ese fue el mensaje en algunos stickers que ví en camisetas, gorras, banderas y pancartas. Los stickers eran del diario local El Colombiano, y creo que en unas pocas palabras decía todo lo que la mayoría de personas que asistieron hoy a la marcha querían decir: el problema es de toda la familia y esa familia se llama Colombia.
Fuera de las controversias sobre orígenes, manipulaciones, posturas políticas y otras racionalizaciones que más que aclarar, oscurecieron los propósitos, la movilización merece un sólo adjetivo para mí: multitudinaria.
Nunca había visto tanta gente junta, nunca me sentí tan conmovido. Con cada uno de los mensajes que pude leer en las caras de quienes caminaban a mi lado, el estremecimiento fue creciendo hasta llegar a un par de tímidas lágrimas donde se acumuló toda la ira. Tampoco, nunca, había canalizado un momento de ira en tan buena forma.
Que sí sirvió o que no sirvió, será el tema que se viene… argumentos tangenciales de los unos, estrategias delatadas por los otros, propuestas alternativas otro tanto y todo tipo de ideas orbitarán; pero el gesto ya se ha dado.
En las noticias veo a una señora a quien le preguntan por su motivación para asistir a la marcha: “¿ha sido usted víctima directa de las Farc?”. Y ella responde: “Sí, porque soy colombiana”.
Eso es solidaridad. Yo me quedo con esa frase que tanto me ha movido y que nos llama a no ser indiferentes: En mi familia hay 3.200 secuestrados.

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Hola, mi nombre es Jorge Montoya, soy colombiano y tengo 26 años. Idealista, lactodependiente, futbolista frustrado y adicto al café. Me gusta escuchar, aprender todos los días y empelicularme con mis pasiones: las ideas, los sonidos y las imágenes.
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