Googléame
Me he buscado en Google, al menos mi nombre, y me he encontrado. Hace rato que lo hago como muchas personas lo habrán hecho, pero hoy fue porque me ha llamado la atención ver la historia de Jim Killeen: el hombre que se encontró a sí mismo, quien está haciendo una película acerca de ello llamada “Google Me”, algo así como Googléame. La película aún está en proceso de edición, supongo que será bastante simpática y dará mucho de qué hablar.
Descubrí esta historia en un set de enlaces en el blog de David Saski, quien afirma que es una gran idea y se pregunta por qué no se le ocurrió pensar en esto antes, al vincular el artículo “Jim Killeen: The Man Who Found Himself” del Washington Post.
El cuento es así:
La idea empezó a formarse en Agosto de 2006 cuando este actor de bajo perfil, que vive en Los Ángeles - California, empezó a buscar su nombre en Google. Encontró resultados que lo llevaron a descubrir que Jim Killeen también era un policía retirado en Nueva York, un párroco en Irlanda y un aventurero swinger en Denver - Colorado, entre otros muchos con diferentes profesiones, prácticas y ubicaciones geográficas.
A este hombre se le ocurrió, como lo cuenta el Washington Post, viajar a Irlanda para reunirse con uno de sus homónimos como punto de partida de un recorrido por el mundo buscando a esos otros llamados como él, para hacerles una serie de preguntas que se convertirán en una película que, seguramente, pronto podremos ver en la red. Esas preguntas también tienen cierta pretención de encontrarse a sí mismo, y según cuenta, su odisea le ha generado muchas reflexiones.
En mi caso
Me ha llamado bastante la atención este relato y lo primero que hice una vez lo leí fue: ir a Google, digitar “Jorge Montoya” y descubrir que en los resultados en español aparece este blogcito en el primer lugar. Caso diferente a los resultados en inglés, donde aparece segundo después del perfil en Forbes* de un señor con un historial bastante prestigioso en las lides corporativas. O sea, entre tantísimos personajes con el mismo nombre, entre los que hay poetas, investigadores reconocidos, editores, sacerdotes y otros más, resulta ser que en la Internet me he hecho de lo más visible.
Este ejercicio puede servir sólo para alimentar mi ego, o presumir de un logro en posicionamiento web, pero a la vez me ha hecho pensar en el cuento de la democracia que propone Internet, donde somos nosotros los usuarios los que gestionamos la jerarquización de la información, en especial en un buscador como Google, dadas las características de su funcionamiento**. O sea, si bien no soy el Jorge Montoya más “importante”*** del mundo, tal vez sí soy el que más actividad en línea mantiene, dado mi incremento de participación en la web desde que me metí a escribir este blog. En este caso, son cada uno de los comentarios dejados en otros sitios y los perfiles creados en diversas redes sociales, los que me otorgarían ese puesto entre los Jorges Montoyas del mundo en el susodicho motor de búsquedas****.
El hombre y su nombre
Por otro lado, en el artículo referenciado sobre Jim Klinee, se pregunta sobre lo que hay en un nombre. La respuesta a ese interrogante trae a mí una luz acerca de lo que significa par mí este hecho de googlearme y encontrarme. Paso a traducir lo que dice Monica Hesse, la autora del texto:
¿Qué hay en un nombre?
Básicamente, hay una colección aleatoria de letras, un sistema funcional de identificación que substituyó el señalar y el gruñir. Pero los placeres poéticos que vienen de usar nuestros nombres, de oír nuestros nombres, de Googlear nuestros nombres, aventajan de lejos a su característica previa de ser “útiles”. Freud diría que los nombres son inyectados de energía libidinal, lo que significa que los convertimos en energía emocional irracional.
Será eso tal vez. Una suerte de placer poético. Mi energía libidinal dirigida al objeto de ser “importante” en Internet. Cierto regocijo al pensar que si alguien me pregunta quién soy no tenga que entrar con mis comunes dilemas existenciales a darle largas a la respuesta, sino que puedo responderle con un “sabés qué, buscame en Google”. ¡Ja!, suena chistoso. Tal vez no me atreva a hacerlo, pero me causa placer poder considerar esa posibilidad.
Preguntas
Este tipo de historias que me generan un montón de preguntas son las que más me gustan. Me gusta hacerme preguntas porque me tengo que dar a la tarea de buscar respuestas, lo que puedo reconocer como mi propósito en la vida, la búsqueda. Mientras sigo en esa búsqueda me atreveré a pedir ayuda. Si podés y querés aportarme en algo, sería haciéndote estos cuestionamientos y dejando tu respuesta en los comentarios.
¿Has buscado tu nombre en Google?, ¿Por qué y para qué?, ¿Qué pensás de la democracia Internet?, ¿Qué opinión te merece la historia de Jim Klineen?, ¿Qué significan los nombres para vos?
Enlace:
- Jim Killeen: The Man Who Found Himself, el artículo en el Washington Post [en inglés]
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* Revista estadounidense especializada en negocios y finanzas
** Aquí habría que hablar de Pageranks, Hits y otras cosas que no soy el más indicado para explicar. Entonces dejo un enlace donde explican Cómo funciona Google, mucho mejor de lo que yo podría hacerlo.
*** Para mí, necesariamente, tengo que ser el más importante. Una vez alguien me hablaba de “la gente importante” y yo interrumpí sus palabras con algo así como “¡un momentico!, para mí la gente importante es mi familia, entonces seamos más claros”.
**** No me animo a hacer el recorrido de Klineen. Son 30.700 resultados en la búsqueda en español y aproximadamente 37.000 en Inglés. Por ahora, no tengo tiempo.

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Hola, mi nombre es Jorge Montoya, soy colombiano y tengo 26 años. Idealista, lactodependiente, futbolista frustrado y adicto al café. Me gusta escuchar, aprender todos los días y empelicularme con mis pasiones: las ideas, los sonidos y las imágenes.
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